Una discusión inútil

Agosto 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Tres semanas de discusiones, aclaraciones y marchas, y la agresividad no para. Por cuenta de la cartilla titulada “Ambientes Escolares Libres de Discriminación. 1. Orientaciones sexuales e identidades de genero no hegemónicas en la Escuela. Aspectos para la reflexión”, elaborada por un grupo de expertos contratados por Naciones Unidas, el país se encuentra sumido en un enfrentamiento sin sentido. Aunque no hay datos confiables, ni estudios en los que el Ministerio de Educación se apoyara para decidir incorporar la homofobia como uno de los factores asociados a la violencia en las escuelas y colegios, es evidente que puede ser una de las causas que explique en alguna proporción las elevadas tasas de violencia escolar que se registran en el país. Sin embargo, en un sistema escolar en el que cada vez aumenta más el porte de armas por parte de los estudiantes, que ha sido declarado objetivo de mercado por las mafias del microtráfico de drogas y en el que proliferan las pandillas, pues la discusión sobre la cartilla resulta francamente irrelevante. Si de mejorar las condiciones de convivencia en los colegios se trata, pues el Ministerio, los gobiernos territoriales y las autoridades de policía deberían emprender un esfuerzo verdaderamente serio por atacar esos que son los problemas que están afectando a los centros educativos. Y, sobre todo, la deserción escolar, que es uno de los mecanismos a través de los cuales estos problemas se reproducen de manera desproporcionada en las ciudades. Y en estas materias, (aparte de la represión policial) no se observa ninguna política clara. Por eso, resulta penoso ver a la ministra Parody reclamándose como víctima de una “manipulación política” y acusando de mentirosos a sus críticos, pero sin reconocer los errores en que ha incurrido su equipo en el Ministerio en la gestión de una cartilla que, en otras condiciones, habría sido bastante fácil sacar. Y más penoso todavía, ver a los burócratas de Naciones Unidas tratando de aclarar los contenidos de un trabajo en que muy seguramente, por quedar bien con la Ministra, se pasaron en el enfoque de semejante ladrillo. Si de movilizaciones de trata, pues el gobierno y la sociedad (los padres las ONGs, las Iglesias) deberían asumir una actitud más decidida para proteger a los niños del país de todas las formas de violencia. No hay que olvidar que estamos en el país en donde, sólo el año pasado, 3 niños fueron asesinados diariamente. Y, según la Defensoría del Pueblo, un año en el que se reportaron 18 mil denuncias por abuso sexual contra menores (49.3 por día), y eso que se calcula que sólo se denuncia uno de tres casos que realmente ocurren. El 84% de los afectados de estos delitos son niñas, y ocho de cada 10 agresiones sexuales son cometidas por personas de su entorno familiar o cercanos a éste. Los datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar mostraban que en 2015 cerca de 1.300 niños habían sido abandonados por sus padres. Y una tercera parte de esos niños eran menores de un año. Que hablar de los problemas de nutrición y acceso a la salud. Pero el pasado no fue un año extraordinario. Más bien es la continuación de un problema endémico que se vive en el país. En 2014 las autoridades reportaban que “cada nueve horas un menor de edad era asesinado en Colombia. Cada 30 minutos uno acude a Medicina Legal tras ser víctima de agresión sexual y cada 60 minutos, un niño o adolescente es sometido a un examen por violencia intrafamiliar”. Y no hay muchas señales que la situación vaya a mejorar. Esa sí es la verdadera discusión. Ese sí es el asunto sobre el que deberíamos no sólo exigir acciones y resultados efectivos del gobierno, sino movilizarnos buscando que la sociedad colombiana sea más tolerante y respetuosa con los más vulnerables: los niños del país. Y dejar de discutir… maricadas.

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