Un asunto bien oscuro

Un asunto bien oscuro

Noviembre 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Al gobierno Santos no le sale una. Cuando parece haber cruzado el puente de las dificultades y que todo regresa a la calma, le salta un nuevo problema. Algo inesperado que estalla todo en mil pedazos. Y pone al gobierno como en situación de volver a comenzar. El Presidente no puede decir que en sus casi 40 meses como gobernante, no ha tenido una semana completa tranquilo. Esta vez, cuando parecía que se estaba superando los problemas internos y las vergüenzas internacionales que habían generado las tres firmas del acuerdo con las Farc, se revive el escándalo de los usos indebidos de los servicios de inteligencia del Estado a favor de intereses personales del Presidente. Algo que Santos ya había vivido como Ministro de Defensa, cuando el gobierno de Uribe utilizó al DAS para espiar a jueces, periodistas y opositores.El asunto había comenzado en mayo de 2014 como una chapuza menor, que se vendió de la siguiente manera: Un hacker de escasa formación y profesionalismo fue contratado por la campaña uribista para que infiltrara con propósitos de saboteo, el proceso de paz que se llevaba a cabo en La Habana. Para entonces, el hecho no pasaba de una especie de paquete chileno que le habrían metido a la campaña de Oscar Iván Zuluaga. Las declaraciones del hacker eran tan absurdas, que ni siquiera el hecho se pudo asociar al regreso de urgencia de JJ Rendón a la campaña de Santos. Pero con el avance de las investigaciones, según las declaraciones entregadas por el Director Nacional del CTI a la Corte Suprema, la que parecía una campaña que se proponía obtener información estratégica que golpeara la reelección de Santos, terminó a expensas de una operación de inteligencia y contrainteligencia orquestada por la Dirección Nacional de Inteligencia. A partir de allí, el asunto se ha convertido en un proceso que cada vez más amenaza con comprometer al gobierno y al Presidente Santos, en una maniobra que podría estar buscando alterar el curso (y los resultados) de la campaña presidencial de 2014. Pues, no se puede interpretar de otra manera el hecho de que, quien está teniendo que dar toda suerte de explicaciones sobre los hechos y vinculaciones, sea precisamente el propio director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). No estamos ante un funcionario de segundo o tercer nivel, que abusó de su cargo para hacer cosas indebidas. Con la información que hay, descifrar la trama no es difícil. Como se recordará, para el momento en que estalló el escándalo del hacker, en las encuestas el presidente Santos comenzaba a registrar una caída en la intención de voto frente a los demás aspirantes. Y se necesitaba un hecho que cambiara la tendencia. Y como para la época Santos andaba interesado en que los colombianos debían decidir entre “votar por el fin de la guerra, con inclusión social, o por una guerra sin fin, con un país excluyente y dividido”, pues nada mejor que mostrar una campaña uribista interesada en sabotear las negociaciones de La Habana. Eso debió ser lo que pensó el Presidente o alguien del Alto Gobierno, a quienes el Decreto 4179 de 2011, que crea la DNI, señala de manera expresa como los receptores exclusivos de la información de inteligencia que le requieran “para el logro de los fines esenciales del Estado, de conformidad con la ley” (Art. 2). Alguien dio la orden y arrancó el montaje.Resulta bien difícil ver las cosas de otra manera. Las explicaciones del Director Nacional de Inteligencia sobre las reuniones con el Director del CTI, así como la vinculación o no de los infiltrados, resultan todavía muy frágiles. Muy elementales para alguien que tiene en sus manos la dirección de un organismo de semejante naturaleza. El Almirante Echandía va a tener que hacer un gran esfuerzo para convencer a los colombianos que el gobierno Santos no estaba comprometido en una labor tan poco afortunada y leal, como la que resulto de la infiltración de la campaña presidencial de Zuluaga.

VER COMENTARIOS
Columnistas