¿Qué clase de sociedad somos? (I)

Agosto 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Las noticias sobre la violencia contra los menores no paran. Hace una semana, los medios reportaban que los índices de violencia contra los menores de 14 años seguían empeorando y que Cali era la ciudad más afectada por este flagelo. Y luego, el caso de una menor de 2 años, muerta a golpes a manos de su padrastro. Los informes de las autoridades reportan que una proporción grande de esa violencia provenía de familiares y vecinos. Y hace unos días la Ministra de Educación informaba que se cancelaban los contratos de alimentos en Atlántico y Bolívar a los niños porque entregaban la alimentación en mal estado y en cantidades insuficientes. Antes, la Directora Nacional de Bienestar Familiar reportaba sobre la muerte de los niños por hambre en la Guajira… y no pasó nada. Nadie dijo nada. Ni en los medios, ni en las redes, a nadie se le ha ocurrido una expresión de rabia o preocupación. ¿Qué clase de sociedad hemos construido? ¿Cuáles son los principios y valores que estamos privilegiando como sociedad? ¿Adónde hemos llegado que seguimos inmóviles cuando se trata de agresiones a los menores? Los datos son alarmantes. Las cifras más confiables revelan que cada ocho horas un menor de edad es asesinado en Colombia. Cada 30 minutos uno acude a Medicina Legal tras ser víctima de agresión sexual y cada 60 minutos un niño o adolescente es sometido a un examen por violencia intrafamiliar… Y llevamos algo más de 20 años en eso y todavía nada que logramos avances. O por lo menos una mínima conciencia política y social. Más de 1000 menores asesinados y otros miles violentados en la peor de las formas. Ya quisiera ver a quienes por las redes se movilizaron escandalizados y solidarios con las víctimas del ataque terrorista en París, cuando la bomba al semanario ‘Charlie hebdomarie’ mató a varias personas, tantas que la gente rápido salió a reclamarse como que ‘Yo también soy Charlie’, ahora diga ‘Yo también soy Vicente o Luis o Beatriz’, que es como se puede llamar el último niño asesinado hace 8 horas… o ver a los del movimiento ‘anti-taurino’ agregando a sus camisas y carteles en los que denuncian el maltrato animal una denuncia del maltrato infantil o que hicieran cadenas humanas en los colegios para evitar que los violentos ataquen a los niños. Y no es que seamos una sociedad indolente. No. Somos una sociedad sensible ante los problemas, pero que no se moviliza, ni es solidaria. Las víctimas siempre terminan solas. Solo que pareciera que nos hemos acostumbrado a la espiral de la violencia. No exigimos castigo, nos preparamos para sobrevivir. Por eso es que los niños, en respuesta, también son más violentos. No exigen castigo, solo se preparan para sobrevivir. Y ese niño o niña agredido, en el futuro será violento, porque en ese medio creció. Y tratará a sus hijos como a él lo trataron y así en una cadena de violencia sin parar. De este modo, la violencia nos ha invadido como una enfermedad silenciosa, imponiendo estándares cada vez más elevados y sofisticados. ¿Qué puede haber peor que alguien que agrede sexualmente a un niño? ¿Quién puede ser más despreciable que alguien que le da comida descompuesta a un niño? ¿Quién merece mayor castigo que quien asesina a un niño? Ya va siendo hora que asumamos el problema frontalmente. Combatirlo en todos los tonos y escenarios. Sin ceder un centímetro. Y como la mayor de nuestras prioridades. La violencia tenemos que pararla y no hay mejor frente que comenzar por proteger a la población más vulnerable e indefensa del país.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad