No es para ilusionarse (I)

Febrero 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Comenzó la discusión del Plan de Nacional Desarrollo 2014-2018, en el Congreso de la República. Formalmente, será la hoja de ruta del segundo gobierno Santos. 200 artículos en más de 700 páginas, no sólo dimensionan la magnitud del reto que en ejecución pública tiene por delante el gobierno del reelecto Presidente, sino también la complejidad de la tarea en la medida que le exige tanto coordinar políticas públicas como esfuerzos gubernamentales en el logro de los objetivos.Sin embargo, hay que ser realistas. Más allá de las virtudes que tengan los enunciados del Plan, hay dos problemas que no se pueden eludir. Por una parte, hay una evidente incapacidad del gobierno central para desplegar sus políticas en el territorio y lograr los resultados que busca. Y por otra, mantenemos un sistema nacional de planeación que podría funcionar en los años setenta, pero que ahora no responde ni a la dinámica de la globalización, ni a las realidades territorialesBasta ver, a manera de ejemplo, el informe detallado que presentó ayer El País, que muestra cómo de los 12 proyectos de inversión previstos en el Plan de Desarrollo 2010-2014 para el Valle del Cauca, solo uno se reporta como obra concluida; uno se cumplió parcialmente; y uno construyó la primera fase. Los 9 restantes todavía no arrancan, bien porque la obra está adjudicada o está en estudios (2), y las 7 restantes todavía no arrancan. Más ilustrativo no podría ser. Y de los 16 proyectos en transporte, que se presentaron con bombos y platillos en 2010, ninguno ha podido presentarse como una realización del gobierno de la “Prosperidad”.Y de cara al próximo cuatrienio, en el Valle del Cauca no se puede esperar nada distinto. No sólo por las restricciones de recursos que van a limitar seriamente la capacidad de acción de las entidades nacionales en el territorio. También porque muchos de los proyectos estratégicos para el desarrollo de la región no han sido incluidos en el plan, como la doble calzada Cali-Candelaria o la recuperación del Jarillón del río Cauca que resultan claves para impulsar los abastecimientos de alimentos en el departamento o para controlar las inundaciones en zonas neurálgicas en la región. La razón es evidente. Mientras el Presidente Santos siga con un manejo centralista como el que ha mantenido en estos 55 meses de gobierno y no acuerde con los gobiernos territoriales las inversiones estratégicas para el país, no habrá posibilidad ninguna para cerrar la brecha entre las regiones, ni mecanismo viable para desatar dinámicas económicas que contribuyan a reducir aún más la pobreza y la marginalidad social. El asunto resulta todavía más preocupante, cuando se considera que en un año electoral como el que hemos comenzado, las elecciones de alcaldes y gobernadores, lejos de apurar la dinámica de la ejecución de obras en los municipios y departamentos, las paraliza. El gasto público queda amarrado al proceso electoral y solo se mueve en función de las posibilidades que tengan de ganar, los amigos o los enemigos del gobierno.El gobierno haría bien en aprovechar este tiempo electoral, para estructurar un verdadero sistema de planeación intergubernamental, que corrija los problemas estructurales. No le sentaría mal, pues con razón se dice que, pese a las transformaciones mundiales, todavía hay tres fuerzas que se resisten a abrirse y cambiar: el Partido Comunista, la iglesia Católica y Planeación Nacional.

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