No a cualquier precio

No a cualquier precio

Noviembre 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

“El nuevo rostro de la guerra”, ha vuelto a poner sobre la mesa de lecturas el recordado discurso sobre la paz pronunciado por el presidente Kennedy en la American University en junio de 1963. En aquella ocasión, cuando a propósito de la dureza de la guerra que se vivía se preguntaba a qué tipo de paz había que referirse, y qué tipo de paz se quería conseguir, se planteaba que lo primero que había que hacer era “examinar nuestra actitud hacia la paz”. Era claro que Kennedy no se refería “al concepto absoluto e infinito de paz y buena voluntad con el que algunos fantasean y los fanáticos sueñan”. Ni tampoco “la paz de las tumbas, ni la seguridad de los esclavos”. En cambio, proponía concentrarse en “una paz más práctica y alcanzable, basada no en una revolución repentina de la naturaleza humana, sino en la evolución gradual de las instituciones humanas: en una serie de acciones concretas y acuerdos eficaces que busquen el bien de todos los involucrados”. El llamado resulta muy pertinente para el proceso en que el país está enfrascado en La Habana. No se trata de alcanzar la paz, convirtiendo la Constitución Política en una pieza maleable según las necesidades de refrendación política, o forzar a la sociedad a aceptar los acuerdos suscritos con las Farc. Cambiar las reglas de juego, en términos de los alcances y requisitos establecidos constitucionalmente, para garantizar la validación ciudadana de lo acordado, puede resultar más costoso.En primer lugar, por los riesgos que le supone al ordenamiento jurídico e institucional del país, buscar la refrendación de los acuerdos con una aprobación en bloque de “si” por la paz, reduciendo el umbral requerido de 17 millones de votos a poco más de 4 millones 400 mil votos. Por noble que sea el propósito, nada justifica reformar la Constitución en un tema tan sustantivo. No puede cambiarse simplemente por el miedo a no lograr el umbral requerido por la Ley 134 de 1994. Volviendo a Kennedy, podría decirse que un cambio constitucional que refleje la paz no es producto de una revolución repentina de la naturaleza humana, sino en la evolución gradual de las instituciones humanas.En segundo lugar, la aprobación de un requisito como el que se está planteando, le sirve al gobierno para cubrir el hueco político que se le abrió con la firma del ‘Acuerdo Especial’ en materia de Justicia, que el presidente Santos suscribió con el líder de las Farc. Pero no resuelve los problemas ese acuerdo produce para el cumplimiento de la “condición de justicia” que requiere la aplicación de la Justicia Transicional. Me explico.El gobierno todavía no le ha contado al país que el acuerdo firmado entre Santos y Timochenko, según el ordenamiento judicial internacional, no requiere ser refrendado, ni es modificable. Por su naturaleza “especial”, el acuerdo que crea la Jurisdicción Especial de Paz y establece conceptos como el de “restricción de la libertad” como contraprestación al reconocimiento de responsabilidad en delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, está vigente y es inmodificable. De manera que el plebiscito es sólo para los cuatro puntos restantes de los acuerdos de La Habana. ¿O en el Plebiscito los ciudadanos podrán aprobar o rechazar los acuerdos en materia de justicia? ¿Podrán cambiar el concepto de “restricción de libertad”, por el de “cárcel”? Sería bueno que el gobierno hiciera esa aclaración, pues los colombianos todavía no tienen claro ese tema. Si seguimos en ese cuento del “plebiscito por la paz” estamos ante el riesgo de caer al “concepto absoluto e infinito de paz y buena voluntad con el que algunos fantasean y los fanáticos sueñan”.

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