Nicanor Restrepo

Marzo 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

La última vez que vi a Nicanor Restrepo fue hace una semana en Cali, cuando muy madrugado vino a hablar sobre el papel del empresariado en el posconflicto. En la antesala hablaba emocionado de su experiencia como profesor del doctorado en la Universidad Nacional en Medellín. De lo especiales y esforzados que eran los estudiantes de la universidad pública. Por ejemplo, contaba, que algunos de sus alumnos, muy preocupados porque sus horarios de trabajo no les permitía aprovechar adecuadamente el curso, le propusieron un cambio de horario. Sin mucha dificultad, llegaron al nuevo horario: ¡6 de la mañana! Y lo que más lo maravillaba no eran las ganas con que iba a dictar su clase de madrugada, sino el saber que unas de sus alumnas se habían tenido que levantar a las cuatro de la mañana, para poder llegar puntuales a clases.Esa anécdota, reflejaba a Nicanor Restrepo en su exacta dimensión. Un ser humano sencillo como el que más, generoso en extremo y siempre dispuesto a aprender de todo el que se le atravesara en el camino. Alguien que a sus 62 años, estando en el punto más alto que un empresario podía alcanzar en Colombia, decide cambiar la cabeza del Sindicato Antioqueño, por la bicicleta y los bluyines de estudiante de una maestría en sociología política en París. Allí era un estudiante más . Con su Clarita se gozaban de extremo a extremo todo lo que una ciudad le podía ofrecer a un par de jovencitos venidos de Medellín a completar su formación. Allí pasamos muchas tardes de cafés y academia. Sus trabajos de sociología política estaban llenos del conocimiento y la experiencia acumulada en años durante su paso por la empresa privada y la administración pública. Sus reflexiones sobre el papel del empresariado en la violencia, y más recientemente en el postconflicto, estaban llenos de esa experiencia. El aprendizaje que tuvo de la política y los políticos nacionales y regionales, primero como Gobernador de Antioquia y luego como asesor de paz de los gobiernos de Gaviria y Pastrana, le permitió asumir una posición crítica dura y de cuestionamiento permanente a la clase dirigente pública y privada del país. Fue el más duro y leal opositor al presidente Uribe y a la manera que hizo la política el uribismo.En momento inapropiado se va Nicanor. Y no lo digo sólo porque estamos viviendo un momento en que la ética del empresariado viene flaqueando por cuenta de la codicia que desborda los limites de lo permisible. Ya comenzamos a ver en pagina entera en todos los diarios del país, avisos publicados por prestigiosos empresarios aclarando que las investigaciones en que están incursos, no son corresponden a acuerdos entre competidores que afectan a la libre competencia ni a los consumidores. En la corrección de estos comportamientos, Nicanor habría podido influir muchísimo. Su propia práctica le había dado la autoridad moral (y ahora el conocimiento científico), para ofrecer alternativas a estos empresarios.Pero sobre todo, también digo que Nicanor se va en mal momento, porque habría jugado un papel crucial en la definición de la manera cómo el gobierno y los empresarios debían asumir y empujar el postconflicto. Tanto por el peso y el respeto que tiene en la institucionalidad política del país y el estamento militar, como por su actitud critica, que siempre ha sido respetuosa, poco oportunista y muy generosa. Un hombre de una decencia a toda prueba.

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