¿Mensaje para La Habana?

¿Mensaje para La Habana?

Julio 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Otra vez, al Gobierno le está quedando grande el manejo del paro camionero. Han tenido que pasar 40 días de cierres y bloqueos, de enfrentamientos y muertos en la vía para que reaccione con algún tipo de medidas. El problema está en que no se avizora una solución de fondo. O por lo menos una salida creíble para que el gremio pueda esperar un mejor futuro. Las reivindicaciones siguen siendo las mismas que motivaron el paro de marzo de 2015 que duró 24 días; y las mismas de septiembre de 2013 cuando duró más de dos semanas. Es decir, fletes, chatarrización, precio de combustibles y condiciones laborales.Pareciera que es una práctica que se institucionaliza. Los camioneros paran, ponen al gobierno contra la pared. Este denuncia corruptos y mafias que están detrás del paro, mientras los huelguistas hacen lo propio con la lista de incumplimientos gubernamentales. Y luego de varias semanas de enfrentamientos, vías de hecho, pérdidas económicas y costos sociales, y cuando hay un par de muertos de por medio, se toman medidas, se llega a un arreglo en que el ministro de turno (con el respaldo presidencial) se compromete a resolver los grandes problemas de los transportadores. Muchas declaraciones, compromisos, expectativas de solución y finalmente... nada. Los problemas se arreglan a medias, cuando se arreglan. Los corruptos y las mafias denunciadas, ya no se mencionan. Se toman medidas que desactivan las movilizaciones y protestas, pero los problemas de fondo no se resuelven, no importa que tan cerca o que tan lejos estén las soluciones de verdad. Y, pocas semanas después, ante las medidas parciales, de nuevo arranca el inconformismo y en seguida estalla el paro… y el círculo vicioso se activa otra vez…Es lo mismo que ha sucedido con el paro agrario que, en su versión más reciente, arrancó el 15 de mayo de 2012. Y todavía no se cumplen los acuerdos. O se están cumpliendo muy parcialmente. Hace poco menos de ocho semanas el país tuvo que asistir a otro paro agrario, que lamentablemente terminó costando dos vidas más de jóvenes indígenas en el Cauca. Y los problemas de fondo de los campesinos, nada que se resuelven. De nuevo, los protagonistas del paro son los mismos de 2014, de 2013 e incluso de 2012. Y puntos de negociación los mismos, igual que los puntos de arreglo con los que finalmente se suscriben los acuerdos. Y luego de unas semanas, el reclamo por el incumplimiento. Y así hasta la convocatoria del siguiente paro. El modelo de manejo del paro camionero o del paro agrario se repite a rajatabla también con la justicia. El último paro judicial duró más 120 días y los temas nunca se resolvieron. Las demandas eran las mismas que el ministro turno se había comprometido a solucionar. Y de nuevo, declaraciones grandilocuentes, medidas parciales, inconformidad sindical y nuevamente el paro. Una historia de nunca acabar.Lo grave es que el país no sólo se haya acostumbrado a los paros costosos en vidas y para la economía, sino que el gobierno siga dando esa imagen de despreocupación y debilidad. Despreocupación, porque cuando se desatan los paros nadie responde con rapidez, ni tampoco cuentan con un sistema de alarmas que permita tomar decisiones que prevengan las pérdidas de vidas o los mayores costos económicos. Y sólo cuando se producen los enfrentamientos que dejan los primeros muertos ahí sí anuncian medidas de fondo. Y debilidad, porque dejan llegar los problemas hasta el extremo y el gobierno termina cediendo, pero sin una vocación de seriedad. Todo es por salir del paso. Firman lo que sea sabiendo que hay cosas que no se podrán cumplir. Con razón las Farc andan tan preocupadas de que el Gobierno no le vaya a cumplir con lo acordado. Porque si va a ser como con los camioneros, los agricultores o los empleados judiciales…

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