Los riesgos de los candidatos por firmas

Julio 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Siempre le cuestioné a Antanas Mockus eso de lanzarse como candidato por firmas a la Alcaldía de Bogotá. Y lo hice por cuatro razones: 1) No asume responsabilidad política con nadie; 2) No garantiza la continuidad de las políticas públicas; 3) quiebra la institucionalidad política del país; 4) Los firmantes no saben a quién están apoyando y por lo que hagan tampoco nadie va a responder.Uno: En caso de ganar elecciones, un candidato por firmas ni asume, ni tiene responsabilidad alguna con nadie. Más allá de los limites y controles que le establece la ley, este candidato cuando es electo, ¿ante quien responde por los nombramientos que hace? ¿Quién le puede pedir explicaciones por las decisiones políticas que toma? ¿Y por las que deja de tomar? ¿Ante quien rinde cuentas por los compromisos políticos que deja de cumplir…? Esas preguntas que en los partidos tienen una respuesta y un costo político, en los casos de firmas solo se oye: “No tengo que responder ante nadie en particular. A mí me eligió un grupo de ciudadanos que dieron su firma y votaron por mí. Tomo las decisiones que quiero. Ellos confían en mí. Eso es todo”.Dos: Los candidatos por firmas personalizan la acción de las instituciones. Son gobiernos sin estructuras políticas que los soporten, y sin la organización que lleve sus ideas más allá de su propia acción personal. Por eso los electos por firmas no pueden garantizar la continuidad de las políticas y los programas públicos. Bien porque cuando se posesionan, si algo no les gusta, lo suprimen sin fórmula de juicio, o cuando se van no saben quién va a terminar la tarea que ellos han comenzado. Eso sin considerar que la personalización del poder es tan fuerte, que hasta el cónyuge y su familia se vuelven autoridades gubernamentales, con las consecuencias que conocemos…Tres: Los candidatos por firmas terminan por quebrar la institucionalidad política de los partidos. Mal que bien, cuando un partido político presenta sus candidatos, lo hace considerando una serie de variables en los que buscan arriesgarse lo menos posible a ser derrotados electoralmente o a ser procesados judicialmente, por permitir la llegada de gente impropia a los gobiernos. En cambio, cuando los ciudadanos firman un apoyo para que alguien aspire a una elección, generalmente lo hace sin esas consideraciones.Cuatro: Cuando se avala por firmas, se permite que puedan ser elegidas personas de las que no conocemos su capacidad, su formación y conocimiento de los temas. Por eso, por firmas se van colando candidatos vinculados a organizaciones criminales; a pequeñas microempresas familiares o pequeños caudillos que ni sabemos como comienzan, ni como acaban.Claro, la crisis de los partidos políticos es tan grave, que muchos ciudadanos prefieren las opciones que vayan por firmas. Pero no son conscientes del riesgo de que pueda ser peor el remedio que la enfermedad. Aunque estén cuestionados y se les señalen como culpables de muchas cosas, los partidos políticos tienen controles internos que impiden que la corrupción sea rampante. Por fortuna el gobierno de Mockus fue ejemplar. Pero como Mockus solo hay uno, vale la pena confiar en los esfuerzos que hace el Partido Verde, el Polo, en los liberales o los conservadores. Allí hay gente buena, competente y dispuesta a impedir que los que lleguen sean los corruptos. Acabar con los partidos políticos, como hicieron los venezolanos, es una tarea que ellos ya saben como puede terminar.

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