Lecciones de madres y Generales

Febrero 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Un hecho ejemplar, en dos actos, ha puesto en evidencia lo duro, difícil y complejo que será el postconflicto con las Farc. Uno. Un General de la República, en cumplimiento de una orden de un Juzgado de descongestión de Riohacha, debe pedir perdón público por la ejecución extrajudicial de Douglas Alberto Tabera Díaz.El acto, que revela en profundidad la vigencia del Estado de Derecho, en la medida que se trata de militares cumpliendo ordenes judiciales, también deja ver la dureza de las tensiones que, en el postconflicto, se van a desatar en todos los ámbitos. “Me han delegado dirigirme a ustedes para ofrecer las más sinceras disculpas (...) y manifestarles que el Ejército trabaja para que no se vuelvan a repetir equivocaciones en la prestación del servicio”, dijo el General Carlos Moreno Ojeda.El hecho que el General se reconociera como un “delegado” y no como representación de la institución militar en un acto ordenado por un juez, y que considerara como “equivocaciones” acciones que claramente constituyen delitos de lesa humanidad (desaparición forzada y ejecución extrajudicial), revelan una todavía fuerte indisposición de los militares a asumir las responsabilidades institucionales que le competen en el conflicto, como tiene que ser.Dos. Una madre, Martha Helena Díaz Cabello, no acepta las disculpas del Ejército por la muerte de su hijo Douglas Alberto, por considerar que no era un acto sincero y, sobre todo porque no hay verdad.“No acepto las disculpas, pues una súplica de perdón que se da por orden judicial no tiene sentido, pues carece de toda sinceridad y arrepentimiento, no es fruto del remordimiento por el daño y el dolor causado, es una acción orillada y obligada por tribunales, (...) para salir del paso”, dijo Misael Delgado, en representación de la señora Díaz Cabello. Horas más tarde, en declaraciones a Caracol, ella misma afirmó, “No acepté el perdón porque no ha habido verdad verdadera. No han implicado a Uribe como presidente y Santos, como su ministro, no ha querido reconocer que fueron falsos positivos ni tampoco manzanas podridas los que causaron el asesinato”.La reacción de la madre, puso sobre la mesa las dificultades y la complejidad de la reconciliación en el postconflicto. Primero, porque dejó el mensaje de que, para las víctimas, cualquier intento de perdón por los hechos, debe estar acompañado de la verdad. Que no sólo esclarezca los hechos y sus responsables, sino que también implique limpiar el nombre de los asesinados y deje muy claro que nunca estuvieron en la comisión de delitos o hicieron parte de grupos armados ilegales. “Si no hay verdad, no hay perdón, ni verdadera reconciliación con el Ejército. A mi hijo Douglas lo enterré ayer cuando limpiaron su nombre”, dijo la madre del asesinado.Y segundo, porque más allá del cumplimiento de las ordenes judiciales, en el perdón está la base de todo. Debe ser el producto de un acto sincero de víctimas y victimarios, sin importar que están allí por vínculos personales o institucionales. Por fortuna, por ser un acto libre y personal, no puede nacer sino por propia iniciativa y, al tiempo, como dice Fco. De Roux, “una condición necesaria para que en Colombia se haga realidad cualquier decisión de parar la guerra, dar por terminado el conflicto armado y hacer sostenible la reconciliación”. (http://www.fundacionparalareconciliacion.org/images/img_noticias/doc153580d2781b18_23042014_1257pm.pdf.)

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