Las reglas de la guerra

Abril 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

A todos los colombianos nos duele la muerte de los 11 soldados en el norte del Cauca. Condenamos ese juego demagógico de las Farc, de anunciar cese al fuego unilateral, pero luego atacar de esa manera aleve a las fuerzas del gobierno. Dirán que son los rigores de la guerra. Que se trataba de soldados profesionales que saben que en esa zona no se pueden descuidar. Pero mi respuesta es simple: en la guerra también hay reglas. Y allí más que en cualquier otro ámbito. Esas reglas se respetan. En el caso del ataque a los soldados en el Cauca, las Farc han incurrido en lo que en el derecho internacional se denomina perfidia. Es decir, esa forma de engaño con la que una de las partes se compromete a actuar de buena fe (como declarar cese al fuego unilateral), pero que una vez ve expuesto ante ellos al enemigo, incumple el compromiso. Esa manera de proceder está expresamente prohibida desde 1907 en la cuarta conferencia de La Haya, y después ratificada en los Convenios de Ginebra.Pero así como hay reglas formales que rigen el honor de los combatientes, también hay reglas tácitamente establecidas para los que directa o indirectamente conducen la política que mantiene a esas tropas en la guerra. Así como no se puede aceptar que las Farc no hayan honrado su compromiso, tampoco debe ser aceptable que los dirigentes políticos de la contraparte utilicen ese incumplimiento para obtener un beneficio político de ese hecho. Utilizar fotos que no corresponden, difundir mensajes que tienen la intención de confundir o sobredimensionar la gravedad de los hechos, o esconder información que la encubren, con el propósito explícito de ganar apoyos en favor o en contra de una salida negociada, también quiebran las reglas de la guerra. Utilizar fotos de los soldados heridos o hacer circular rumores sobre acuerdos secretos en los que se va a entregar todo la guerrilla, como recurso para movilizar a los ciudadanos en contra del gobierno, constituye un acto de perfidia tan grave como el que puede incurrir el gobierno para hacer ver a sus opositores como enemigos de la paz. No resulta nada constructivo o siquiera alentador, que los miembros del gobierno descalifiquen a los opositores o les cierren los espacios para que expresen sus diferencias. Y mucho menos, que los opositores desinformen y acusen al gobierno de estar aliado con las Farc.Está bien que nos movilicemos en solidaridad con los soldados muertos y heridos en un hospital. Y que expresemos nuestra indignación con las Farc por esa manera de proceder. Que sepan que las reglas están para cumplirlas. Sobretodo las reglas de la guerra. Pero que no utilicen a los ciudadanos que quieren expresar su solidaridad y compañía con sus soldados, como munición política para ahogar al Presidente o atacar a la oposición. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con Santos, pero la firma de la paz con las Farc exigen que haya unidad en este lado de la mesa. Pero también se necesita que el Presidente tenga la grandeza de respetar las opiniones de los que se le oponen y que los incorpore e incorpore sus ideas a la negociación. Esas también cuentan.Mientras no respetemos las reglas de la guerra, mientras no hagamos valer un principio de juego limpio, podremos firmar mil acuerdos con las Farc o con quien sea, pero la paz no llegara. Entre tanto, quedamos a la espera del anuncio de las Farc, sobre el juicio que harán a los responsables de haber violado la palabra empeñada en la mesa de negociaciones. En eso, no pueden ceder.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad