Las guerras de los otros ‘Bronx’

Junio 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

La cruda realidad que vimos los colombianos con la ‘toma’ del Bronx en Bogotá, ha encendido las alarmas. Detrás de esas zonas inundadas de indigencia, abandono y suciedad, operaban verdaderos imperios del hampa. Una muy bien conformada estructura del crimen, manejada desde la cárcel, que movía miles de millones de pesos al mes, bien conectada con el exterior a través de las ‘redes sociales’ y protegida por ejércitos dotados de fusiles AK-47, granadas y subametralladoras, mantenían el control territorial de algunas cuadras en el centro de la ciudad, en donde cabían todos los negocios y las prácticas que sostenían un mundo de barbarie.Pero es una realidad que no solo se vive en Bogotá. Con mayor o menor grado de sofisticación, en Pereira, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena, Manizales, Cali o Palmira… cada ciudad tiene uno o varios Bronx. Curiosamente están muy cerca del palacio de Justicia departamental, la Fiscalía o la propia gobernación o alcaldía. Son unas cuantas cuadras en el corazón de las ciudades, controladas por los capos de una red que maneja el microtráfico, la extorsión, explotación sexual, secuestros, y sicariato en el territorio, y que ha convertido a la tortura y las desapariciones en mecanismos de ‘control y regulación’, que garantizan la supervivencia de los negocios. Son zonas en las que no entran sino aquellos que tengan ‘permiso’. Y lo peor, todos han aprendido a ‘convivir’ con ellas. Vecinos, Policía, políticos, empresarios locales, jueces o alcaldes. Todos a una miran para otro lado. Como si no se tratara con ellos. Se han convertido en una especie de zonas invisibles, con las que nadie se quiere atrever. Es un problema que ya nadie quiere enfrentar. Muchas veces se reduce a un asunto de drogadictos que roban para mantener su vicio.El reto está en que ya han dejado de ser zonas que se recuperan solo con inversión social. No se trata solamente de entrar a recuperar los espacios públicos o de intervenir socialmente para erradicar la drogadicción y restablecer el orden. Lamentablemente el problema no es sólo de drogadictos, sino -sobre todo- de imperios del crimen que controlan esos territorios. Son verdaderos gobiernos parainstitucionales locales: tienen sus propias autoridades, sus ejércitos, sus propias instituciones. Y al amparo de esa ‘convivencia’, como zonas invisibles, es que han expandido su influencia. Miles de millones de pesos que se mueven en torno a un mercado de narcóticos, armas y trata de personas, ponen en evidencia la complejidad y alcance del problema. La experiencia reciente de Bogotá ha demostrado de manera fehaciente, que el primer paso para erradicar estas ‘ollas’, está en la acción de policías y militares que deben recuperar el control territorial. Es el objetivo que permitirá las acciones posteriores: la intervención social y la recuperación de los espacios públicos. Negar esa realidad es la manera más fácil de eludir el problema.El informe publicado ayer por El País, en el que pone en evidencia los ‘Bronx caleños’, revelan la magnitud del problema para la ciudad. Los regímenes de control territorial que las bandas armadas han impuesto en la Galería de Santa Elena o en los barrios Sucre y el Calvario, son apenas una expresión (no sabemos si más grande o más pequeña que el Bronx de Bogotá) de esos ‘gobiernos’ territoriales en donde reina el sometimiento y la barbarie.Y eso que aún no se ha dimensionado lo que ocurre en el Jarillón, en donde como afirman los que conocen, rige un infierno peor al que los colombianos han descubierto estos días en la capital colombiana. No hay duda, son guerras que no se pueden aplazar y que así como se requiere un grado de sensatez para gobernar, también se necesita de decisión y voluntad para actuar. No queda otro camino.

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