La ‘superioridad’ de la izquierda

La ‘superioridad’ de la izquierda

Enero 25, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

En una entrevista reciente uno de los más destacados pensadores políticos, Gianfranco Pasquino, hizo una reflexión que graficó de cuerpo entero la crisis que vive la izquierda. Frente a la pregunta de si estos partidos y movimientos deberían combatir al populismo que ha emergido de ellos o a la derecha, el italiano no dudó en contestar, “A sí mismos. Debe reinventarse. Seguir creyendo en el progreso, la razón, que la política es convencer a otros, no a todos; que tiene soluciones aplicables, realistas, que pueden ser implementadas; el enemigo de la izquierda es su sentido de superioridad, puede ser superior, pero debe argumentar esa superioridad”.No hay una descripción más precisa, por lo menos para la crisis que atraviesa la izquierda en Colombia. Se ha llenado de un sentido de superioridad que le ha hecho perder el horizonte de su tarea. Para comenzar hay que decir, que la izquierda en Colombia ha abandonado la idea del progreso. Han dejado vacíos los campos de la reflexión y la producción sobre lo que esa idea implica para el bienestar de la sociedad, sobre las tareas para construirlo y los sectores para relanzarlo. Se ha olvidado que lo suyo es, como dice Pasquino, “querer transformar las tradiciones, la cultura política, el sistema... Su estrella polar es la justicia social, no la igualdad; podría ser las igualdades, pero no la igualdad absoluta”.La izquierda colombiana ha dejado de pensar y producir. No se debate en torno a ideas, modelos, propuestas. Se debate en torno a nombres, pequeños intereses y egos enormes. No hay un esfuerzo por repensar el Estado, el funcionamiento del sistema político, o por diseñar una política económica de izquierda que garantice el camino del bienestar a todos. Por eso han fracasado allí donde han gobernado. Bogotá ha terminado como el símbolo de un asistencialismo rampante y ‘populismo democrático’, en donde la falta de un proyecto político de ciudad y sociedad dejó a Petro como una de las peores lecciones de gobierno en el país. Es más, ni siquiera en los ideólogos de las Farc, que han tenido el tiempo para estudiar y proponer políticas alternativas a las que invoca el establecimiento. En los puntos de negociación de La Habana sobre tierras y el modelo agropecuario, sus propuestas han sido las mismas que desde tiempos inmemoriales han promovido liberales y conservadores. ¿No hay una política nueva, innovadora, realmente democratizante? ¿Qué se hizo el ideario de las Farc? ¿Dónde se le refundió?Más que un medio para convencer sobre la posibilidad de una vida mejor, la izquierda ha convertido la política y el discurso político en un instrumento para excluir. No aceptan otros argumentos que los de la “lucha social”. Creen que por ser “luchadores sociales” o “defensores de los derechos humanos” ya tienen la marca indeleble de la izquierda. Y en su extremo llegan a considerar que “el eslogan definido por el alcalde Peñalosa para su mandato sea ‘Bogotá, mejor para todos’, muestra a una ciudad excluyente, que deja por fuera a las mujeres” (!!!).Si la izquierda quiere llegar al poder, o por lo menos volver a ser alternativa política en un país regido por la mediocridad y la corrupción, debe cortar de tajo con sus comportamientos actuales. Debe volver a estudiar, recuperar la actitud deliberante, sencilla y abierta que le permita llegar mucho más allá que a los sindicatos, los desempleados y los dependientes del asistencialismo oficial. Hay una gran masa de clase media, de jóvenes preparados y un nuevo empresariado con una vocación social sorprendente, que espera una propuesta política a la cual vincularse y desde la que pueda construir un nuevo país. Ahí sí, si la izquierda tiene ese sentido de superioridad, debe argumentarla.

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