La propaganda de las Farc

Abril 30, 2017 - 11:55 p.m. Por: Pedro Medellín

Muy interesantes resultan los comerciales que están poniendo a circular las Farc por redes sociales. En su tránsito hacia la legalidad partidista, los mensajes que han hecho llegar a los colombianos se convierten en el primer medidor de cómo van a enfrentar su entrada a la política electoral.

Lo primero que hay que decir, es que los contenidos de los mensajes están mostrando realismo político y modernidad. Con un lenguaje directo están tratando de llegar a los distintos sectores y estratos sociales del país. Son panfletarios cuando deben ser, pero son propositivos cuando tienen que serlo. Saben que la gente no está de su lado y para ganarselos tendrán que hacer un gran esfuerzo de exposición y convencimiento. El tipo de mensajes y las situaciones, reconocen bien los problemas que están viviendo los colombianos.

En un país en el que la izquierda ha sido incapaz de estructurar un mensaje político progresista y moderno, las propagandas de las Farc, resultan muy ingeniosas. Una pareja de estrato 4 o 5 cena en un apacible restaurante y se ve sorprendida por la cuenta que tiene que pagar con sus impuestos. Un enfermo que es sometido a un paseo de la muerte, un trabajador al que le son violados sus derechos laborales, o el compromiso de hacer una reforma tributaria justa, son apenas algunos de los mensajes con los que quieren irrumpir en la política nacional, regional y local.

En el tránsito a la legalidad ese esfuerzo resulta plausible. Atreverse a entrar en redes con estos mensajes y plantearse como alternativa de poder a los partidos políticos tradicionales, puede producir resultados electorales a su favor en un corto tiempo. No son pocos los colombianos que reclaman un proyecto político con ese perfil, y que están dispuestos a movilizarse con una propuesta de esa naturaleza.

Sin embargo, así como ese tipo de mensajes ofrece posibilidades también se constituye en un riesgo real para la propia supervivencia política y electoral de las Farc.

Ya la experiencia venezolana demostró que no basta ganar unas elecciones y poner esa llegada al poder, al servicio de unas ideas que restablezcan los derechos de los ciudadanos o cierre la brecha entre los ricos y los pobres. Se necesita algo más que eso: un proyecto político y un modelo económico que agrupe el ideario de transformaciones que se propone y las haga sostenibles.

Eso fue lo que le pasó al chavismo. Llegaron al poder y las transformaciones sociales no pudieron ir más allá de las llamadas ‘Misiones’ que, bajo la dirección cubana, nunca pudieron superar el asistencialismo que permitían las rentas petroleras. La razón era simple. Además de no haber logrado institucionalizar el tipo de intervención que exigía, ni las transformaciones estructurales que fundamentaran la acción social del Estado, la falta de un modelo económico que le diera sostenibilidad a la revolución fue el detonante que finalmente pondría al descubierto los grandes vacíos del proyecto chavista.

Supongamos que fue por razones diplomáticas que Timochenko hizo pública su admiración por la Revolución Bolivariana. Y confiemos en que tenga claro que sin un proyecto político y económico bien estructurado, la paz con justicia social de las Farc-EP, no va a llegar a ninguna parte.

Quedo sí a la espera del comercial sobre la justicia. Es decir, la propaganda en la que un joven guerrillero le explica a una víctima qué es la justicia, y reconoce que sus jefes tienen que ir a la cárcel porque los delitos que cometieron (al incumplir los códigos de honor de la guerra, de no atacar personas protegidas o en condición de inferioridad) exigen como reparación, que paguen una condena; y que es la primera exigencia con la que deben cumplir las Farc-EP, para que sea realidad eso de paz con justicia social.

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