La paradoja de Petro

La paradoja de Petro

Febrero 25, 2018 - 05:35 a.m. Por: Pedro Medellín

“Otra victoria como ésta y estaré perdido”, dijo Pirro, Rey de Epiro, tras la batalla de Ásculo a la que concurrió por salvar a Tarento de la expansión romana.

Fueron tan altos los costos en vidas y en riqueza en que incurrió para obtener sus victorias, que se convirtió en el ejemplo de que en la guerra, el que gana en realidad por no medir lo que hace, termina perdiendo. Desde entonces, se habla de las ‘victorias pírricas’, para aludir a la paradoja en que los ‘ganar’, al no saber medir las consecuencias de lo ‘qué hacer para lograrlo’, terminan perdiendo.

En el diccionario de la Real Academia, el término pírrico indica un triunfo obtenido con más daño del vencedor que del vencido. Y en ocasione, especialmente en la política, se usa para mostrar cómo políticos y gobernantes, en su afán por ganar, llegan a utilizar recursos que cuando no terminan condenándolos a la derrota, sí llevan a las sociedades a la exclusión y la violencia.

Es el caso del ultranacionalista francés, Jean Marie Le Pen, seguido por su hija Marine. Su discurso extremista, acusador y excluyente llegó a movilizar a la gente en contra de los políticos franceses, sin pensar que el orden que podrían construir resultaba más gravoso para el futuro de las sociedades a las que decían defender. También, porque el éxito de Le Pen inspiró a muchos que, para enfrentar problemas como la pobreza y el desempleo, recurrieron al discurso nacionalista y excluyente contra los migrantes.

El éxito era tal, que a pocas semanas de las elecciones presidenciales, la ultraderechista Marine Le Pen llego a tomar más de 20 puntos de ventana en las encuestas, sobre sus más importantes rivales. Cuatro de cada diez franceses respaldaban sus propuestas contra el euro y por el cierre de las fronteras a los extranjeros, y con Vladimir Putin como un ejemplo a seguir. Un discurso que, en la medida en que se radicalizaba, agravaba las tensiones sociales y exacerbaba un ambiente de violencia y exclusión.

Por fortuna, el ultranacionalismo fue vencido. No ocurrió lo mismo en Austria o Polonia, en donde proyectos similares han sido exitosos y ya comienzan a mostrar las consecuencias.

En Colombia, el discurso radical y excluyente de Gustavo Petro ha servido para profundizar la tensión social que se vive, y para que grupos extremos encuentren expresión o frentes de acción política en rechazo al orden de cosas existente. Hay que ver los casos de violencia que desataron los seguidores de la Bogotá Humana, señalando de asesinos a quienes asistían a una corrida de toros en Bogotá; en las protestas por el deficiente servicio del Transmilenio o en los ataques en las redes sociales a todo aquel que se atreva a cuestionar a su candidato.

Si bien es cierto que el radicalismo de Petro está movilizando a una gran cantidad de electores que quieren un cambio de fondo en el país, también lo es el hecho de que ese radicalismo lo está llevando a una auto exclusión. Petro llena plazas, pero su proyecto está cada vez más solo.
Supongamos que en la consulta del 11 de marzo Petro alcance la suma de 2 millones y medio de votos. Si en las presidenciales votarán algo más de 14 millones de votantes, entonces para llegar a la segunda vuelta presidencial se necesitarán por lo menos 4 millones de votos. Para tener opción real, necesita de otros apoyos.

¿Estarán Fajardo o De la Calle dispuestos a sacrificar su candidatura para asegurar la llegada a la segunda vuelta de Petro, o éste cederá semejante capital político a favor de uno de ellos?... No creo. Lo cierto es que si Petro persiste en su radicalismo, si como Pirro para ganar sigue agitando las banderas de la confrontación, su victoria, por abultada será pírrica. Entonces a la izquierda no le quedará otra opción que decir: “Otra victoria como ésta y estaré perdido”.

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