La otra cara de los Magistrados

Marzo 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Una lección de honestidad y sensatez, han dado dos Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. María del Rosario González y Jesús Vallderruten, dos verdaderas figuras de la Sala Penal de la Corte, preocupados por la situación en las altas cortes, han decidido renunciar. Se trata de dos juristas cuya trayectoria habla por sí sola. Además de su dimensión jurídica, en sus sentencias han demostrado que no le han tenido miedo a pararse en la raya y tomar decisiones que afectan muchos intereses y cuestionan fuertes poderes ilegales. Por ejemplo, en lo fino de la parapolítica y los enfrentamientos de la Corte Suprema con el gobierno Uribe, María del Rosario González fue víctima de amenazas y acosos que la pusieron a ella y a su familia en una indeseable situación. Uno de los hechos, todavía no explicados por las autoridades, da cuenta de cómo el vehículo asignado a la Magistrada fue ‘arreglado’ para que sufriera un accidente, como en efecto ocurrió. Solo que por fortuna, para la funcionaria, ese día un providencial amigo evitó que ese día viajara por carretera en el vehículo asignado. (Pese a que peritos de la Universidad Nacional demostraron que la camioneta en cuestión fue “arreglada para accidentarse”, nada se supo del motivo y los responsables del que, no dudo en llamar, atentado). Como María del Rosario, son muchos los Magistrados que en un trabajo silencioso, soportando todo tipo de amenazas y/o presiones, han tomado decisiones buscando privilegiar el bien común. Son los “otros Magistrados”, como muestra de honestidad y valor. Son sentencias, (de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado), que han impedido que en Colombia se expidiera un estatuto antiterrorista que violaba todos los derechos; que las víctimas del conflicto armado recibieran protección; que el país se hubiera metido en la vacaloca de las bases estadounidenses en nuestro territorio; que se garantizar la preservación de recursos ambientales; que los políticos que se aliaron con los violentos para mantener su estatus, estén hoy en la cárcel; o que miles de colombianos hayan hecho valer sus derechos en la salud o la educación.Claro, esos buenos Magistrados son la mayoría. El problema es que por los pocos, estamos en las que estamos. Se aprovechan de los vacíos dejados por los Constituyentes del 91, interfieren con sus intereses decisiones que deberían ser en Derecho. No tiene sentido que, por ejemplo, en el Consejo de Estado tengan que producirse más de 180 votaciones, solo porque unos pocos se empeñaron en impedir la llegada del competente William Zambrano a la Presidencia de la Corporación, incluso quebrando procedimientos establecidos.Por eso los Magistrados no deben ser revocados. Son más los buenos. Pero la renuncia colectiva es quizá el único mecanismo que obligue a los corruptos a salir del aparato de una vez por todas. Esos corruptos son los que están agazapados y no se quieren ir. Con la renuncia de González y Vallderruten, quedan en evidencia los tumbos que viene dando en gobierno en el manejo de la crisis. Y se abre una puerta para sofocar las llamas de la crisis que ha explotado. Es una decisión que no solamente permite hacer los ajustes que institucionalmente pongan fin a esa dinámica de favores que tiene a la justicia sometida a la política, al clientelismo o a los favores personales. También da una señal de responsabilidad y ética que todos los demás Magistrados deberían acoger.

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