La lección de la UP

Agosto 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Han pasado más de 30 años y todavía no sacamos lecciones de lo ocurrido. En 1984, un acuerdo suscrito por las Farc con el gobierno, daba origen a la Unión Patriótica. Un partido político que le permitiría a la guerrilla entrar los canales institucionales para buscar su objetivo de llegar al poder. Pero ya no por las armas, sino por las urnas.Comenzaba el gobierno del conservador Belisario Betancur, quien apostó por una salida a lo que ya se había convertido en una guerra. “Levanto una blanca bandera de paz para ofrecerla a todos mis compatriotas. Tiendo mi mano a los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio pleno de sus derechos”, dijo el día de su posesión.Tres meses después, sancionaba la Ley 35 de 1982, que concedía amnistía general a todos los autores, cómplices o encubridores de los delitos políticos. La Ley tenía una fórmula novedosa. No exigía la entrega de armas, pero duplicaba las penas por el porte ilegal de ellas (Art. 7). Esto es, que facilitaba las condiciones de negociación, pero le entregaba al Estado (fuerzas armadas), la tarea de perseguir a quienes fabricaban, poseían o traficaban con armas ilegales.Desde el inicio, las Farc le apuestan a la paz. Luego de suscribir un acuerdo de cese al fuego y desautorizar el secuestro, la extorsión y cualquier forma de terrorismo, acogen la creación de la Unión Patriótica como formula para buscar por las urnas lo que no habían podido conseguir con las armas. La UP permitió que quienes estaban en armas y muchos colombianos de todos los orígenes, convencidos de la necesidad de tener una alternativa al bipartidismo, se encontraran en un mismo proyecto político. En las elecciones de 1986 alcanzó su primer gran éxito como fuerza de oposición: 14 congresistas, 12 diputados, 16 alcaldes y más de 350 concejales en todo el país. La UP se proyectó como una esperanza política.Cada vez más colombianos apostaban por ella. Sin embargo, como es natural en estos procesos siempre hay fuerzas oscuras que cuando no pretenden desaparecerlos, quieren usarlos en su provecho. En la extrema derecha hubo quienes actuaron para desaparecerlos; en el bipartidismo, hubo quienes promovieron esa desaparición, por desconfianza o simplemente porque amenazaban sus votos; en las Farc, hubo quienes las utilizaron pensando en la combinación de todas las formas de lucha; e incluso en la propia UP, hubo quienes se resistieron a entender que como partido político debía condenar las formas de violencia.Lamentablemente, en esa ocasión, las fuerzas oscuras de uno y otro lado se impusieron. Desde el siguiente día a su lanzamiento nacional como partido, en Pueblo Bello (César), fueron asesinados dos campesinos acusados de haber dado alojamiento a guerrilleros de las Farc. Fue el inicio de una larga cadena de asesinatos y amenazas, que echaría por tierra una de las mejores y más grandes intentos por traer la paz al país. dos excandidatos presidenciales, 13 congresistas y más de 3 mil militantes asesinados.“Han pasado treinta años y, a pesar de las miles de víctimas más, seguimos como si nada. No entendemos que para ganar la paz, no se necesitan congresitos, ni refundaciones de la patria. Hacer la paz, es someterse a la justicia. Con la firmeza de que aquellos que han cometido delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra (guerrilleros o agentes del Estado) paguen con cárcel sus culpas. Y de un Estado dispuesto a permitir por todos los medios, que proyectos políticos como la UP, o lo que surja de allí, puedan ser una alternativa política para los colombianos”.

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