La dictadura de los mandos medios

La dictadura de los mandos medios

Abril 16, 2017 - 11:55 p.m. Por: Pedro Medellín

Esta semana se cumple el primer tercio del periodo de los gobiernos departamentales y locales posesionados en enero de 2016. Una breve ronda de entrevistas con gobernadores y alcaldes, ha dejado ver que, en estos 16 meses de gobierno, han encontrado una barrera común al cumplimiento de los compromisos adquiridos con sus electores: el poder dictatorial de los mandos medios.

En su momento el expresidente Alfonso López Michelsen, con su agudeza acostumbrada, llamó a este obstáculo como “la tiranía de los mandos medios” para mostrar cómo la lucha de la administración contra el gobierno había desmantelado los sueños de su plan de gobierno.

Desde entonces, gobernantes nacionales y territoriales, han chocado con el muro del poder de los mandos medios. Ellos son los que tienen la llave del éxito gubernamental. Saben dónde está la información y, sobre todo, los recursos que financian los proyectos. Además, tienen muy claro que el poder de los que llegan es efímero. Solo dura cuatro años. En cambio, el de ellos puede pasar de los veinte años o más, mientras están en el cargo.

Son anfibios de la administración pública. Se desenvuelven con destreza en agua y en tierra. Conocen su dependencia como la palma de sus manos. Y a saben qué funciona y qué no. Y se burlan en silencio de los asesores que llegan con el nuevo gobierno o de los enchufados que entran por virtud de los favores políticos. Llevan décadas allí, pero han visto bloqueadas sus aspiraciones de ascenso. Conocen los secretos de cada secretario o asesor que ha pasado por sus oficinas. Y silenciosos le organizan su ‘dossier’, como harán con los jefes entrantes. Para cuando se necesite un anónimo a los organismos de control que “pare en seco” a ciertos funcionarios que creen que esto es Suiza.

A pesar del esfuerzo de algunos buenos funcionarios que quieren que las cosas funcionen (que los hay), el resto de mandos medios se guardan la información o la fraccionan para hacerse imprescindibles. También tienden a forzar decisiones del gobernante entrante por encima de sus nuevos jefes inmediatos, para hacer sentir el poder que tienen, de manera que los que llegan sepan que hay que ir suave con ellos.
Entregan la información cuando quieren, y bloquean la acción del nuevo gobierno, cuando se requiera.

Su poder alcanza tal magnitud, que las agendas de trabajo del equipo del alto gobierno departamental o local, no sólo queda determinada por los requerimientos puntuales del que gobierna, sino también por la buena voluntad que puedan tener los ‘mandos medios’. Ellos deciden quién puede obtener los resultados o declararse vencido por las consecuencias.

El poder de los mandos medios, pone en evidencia que la precariedad de los gobiernos también proviene de la existencia de un entramado institucional, complejo y altamente intermediado por intereses privados. Llevan años viendo cómo en las administraciones compiten actores gubernamentales y no gubernamentales, como buscadores de rentas en busca de beneficios y dispuestos a hacer valer sus propias prerrogativas como si se tratara de las prerrogativas de toda la sociedad.

En estos 16 meses de gobierno, por estar tratando de identificar los problemas heredados y resolver los entuertos que quedan vivos del gobierno anterior, gobernadores y alcaldes están viendo como sus energías se desgastan por la interferencia silenciosa de los mandos medios.

En un país donde no hay una carrera administrativa sólida (que garantice al funcionario estabilidad y mucho menos perspectivas de ascenso), el poder de los mandos medios es un obstáculo que debe ser removido. Esa que podía ser una fuerza administrativa clave para lograr que los gobiernos cumplan con sus promesas, se ha convertido en un obstáculo en el que, como diría López Michelsen, la administración derrota al gobierno.

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