En estado de guerra institucional

En estado de guerra institucional

Julio 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Colombia esta viviendo en un estado de guerra institucional. Como si no fuera suficiente tener a las Farc, las bacrim y las bandas armadas grandes y chiquitas, disputándose el control del territorio entre sí y con las fuerzas estatales, a los altos funcionarios de las más importantes instituciones del Estado les ha dado por emprender sus propias guerras, entre sí; contra las organizaciones políticas opositoras; contra los medios de comunicación que los cuestionan; e incluso contra organizaciones extranjeras que se atreven a hacer algún pronunciamiento que no le gusta a los altos jerarcas estatales. Y en su guerra, como en cualquier guerra, no se miden en las descargas que hacen, en las acusaciones que sueltan y los señalamientos que dejan flotando en el aire. Esta semana fue el Procurador General de la Nación, ni más ni menos, que arremetió con todo contra el Presidente, contra los altos funcionarios del poder judicial y todo aquel que se ha atrevido a decir algo sobre el fallo que lo tiene a punto de salir de la Procuraduría. Ordóñez no ha tenido problemas en señalar que “las demandas que buscan que el Consejo de Estado anule su reelección no tienen ningún fundamento jurídico pues están motivadas por intereses políticos y criminales”. En gracia de discusión digamos que es normal que haya intereses políticos que estén buscando su salida (Yo mismo estoy convencido que sus credos personales han interferido en las decisiones que institucionalmente debe asumir la Procuraduría como responsable del Ministerio Público). Pero, ¿intereses criminales? ¿A qué se refiere el Procurador? ¿A quiénes? ¿Si son intereses criminales, por qué no ha recurrido a la jJusticia o ante las instancias internacionales, si las de aquí no le ofrecen las garantías suficientes?No hay duda. Vivimos en un estado de guerra institucional. Hoy es el Procurador. Ayer, era el Fiscal General, y antes la Contralora General de la Nación. Y antes de ella, las altas Cortes acusadas y acusando en una u otra dirección. Y en todos los momentos, el presidente Santos ha estado presente. De una u otra manera. Con más o menos responsabilidad. Porque aquí lo que tenemos que aceptar, es que llegamos a esta situación, porque el propio presidente Santos no sólo no supo pararse en firme, Como Jefe de Estado, en el momento en que comenzaron a explotar los enfrentamientos. Tampoco supo mantener su independencia en ellos, al tomar partido en la mayoría de los casos, ni mucho menos, supo hacer valer la jerarquía que le ha conferido la Constitución Política que nos rige desde 1991.Sin duda, uno de los problemas que tiene el presidente Santos, es su incapacidad para mantener la distancia y la frialdad que exige su condición de jefe de Estado, cuando se produce una tensión o explota un enfrentamiento entre los más altos funcionarios del Estado. Lejos de buscar mantener un orden de respeto y un espacio de deliberación abierta pero no conflictiva, el Presidente cuando ve que le conviene la pelea, hace lo posible para sacar su mejor provecho de ella.Más grave aún que el propio Jefe de Estado, incansable motor de los acuerdos de paz con las Farc, es quien quizás mantiene el más duro y retador discurso con sus opositores. En el exterior es el Presidente de la Paz. En el interior es el antiuribista No 1., y el más firme voceador del principio “quien no está conmigo, está contra mí”. Un Presidente que no descansa por la paz con las Farc, pero que no trabaja por atajar la guerra institucional que vive Colombia.

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