El regreso del péndulo

Noviembre 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, revela bien cómo las sociedades cambian sus referentes para elegir entre una opción política y otra. Con las elecciones del martes en los Estados Unidos, se cierra el capítulo de un Presidente negro; con una brillante formación académica; una buena trayectoria en el Congreso como senador; inspirador de una nueva forma de ver los gobiernos de izquierda. Con una visión moderna de un Estado intervencionista y redistribuidor del Ingreso. Con un espíritu integrador. Promotor del multilateralismo, en la repartición del poder mundial y con un discurso conciliador que buscaba promover los derechos humanos y acercar al mundo de Oriente con Occidente como eje de una diplomacia de paz.Ese era Barak Obama. Un Presidente que en sí mismo representaba una historia de vida: Un joven negro que asciende en una rápida carrera, para ofrecerle al mundo una renovada propuesta política. Pero con las elecciones de mañana, también se puede abrir un nuevo ciclo político que corresponde a un presidente blanco, sin formación académica, ni trayectoria política. Promotor de una nueva forma de ver de los gobiernos de derecha. Con la convicción de que el Estado debe reducir al máximo su intervención en la economía y facilitar las condiciones para el desarrollo del capital en todas sus formas; un espíritu racial y de género excluyente; y una política exterior unilateralista, basada en la creencia de que el poder basado en la fuerza le devolverá a los Estados Unidos el papel como líder mundial que nunca debió abandonar. Donald Trump es el candidato de una nueva derecha. Dura, recalcitrante. Que no teme señalar y actuar para excluir y que considera que parte de la legitimidad del Estado se construye con el ejercicio de la fuerza. Más precisamente, el republicano es el anti-candidato al que no le preocupa en lo más mínimo mentir o atacar de manera desproporcionada a sus rivales. Sabe que a la gente le llegan sus mensajes. “Amo a los que no tienen educación”, declara Trump, y las multitudes le vitorean. ¿Cómo explicar el ascenso de Trump a la candidatura presidencial? Y más precisamente, ¿por qué está al borde de ser Presidente de los Estados Unidos? Hay dos razones que podrían explicar, al menos en gran parte, el éxito político de este outsider. La primera, es que Trump es la expresión de un estadounidense que sin tener una fuerza política real, y ni siquiera alguna carrera política, asume el sueño de querer ser Presidente de los Estados Unidos. Hace suyo el reto de ganarle a la maquinaria electoral partidista, hasta llegar a ser su candidato presidencial. Y con opción de triunfo. Ese fue el objetivo que se propuso. Y en la carrera presidencial lo demostró. La segunda razón, está en que durante los dos gobiernos de Obama, los estadounidenses vieron como el poder de los Estados Unidos perdía preponderancia en el orden político mundial, en un escenario en el que el propósito de consenso que muchas veces buscó el demócrata, fue mal interpretado como un vacío de poder. En un mundo en el que la multiplicación de los ataque terroristas del Estado Islámico, llegó a poner contra la pared al poder de los Estados Unidos: Lo que comenzaba como la angustia colectiva, terminaba como un cuestionamiento a Obama. Quizá los Estados Unidos no estaban preparados para un gobierno progresista y modernizante como el que tuvo Barack Obama. El propio sistema de pesos y contrapesos (el mismo que le garantizará al mundo una presidencia tranquila si gana Trump), fue la que le impidió a Obama sacar adelante muchas de las iniciativas que hubieran hecho del mundo y del país del Norte, un lugar mejor para vivir. Guy Hermet decía que, así como muchas veces los pueblos ven en el demócrata un peligro, nunca ven en el tirano a un déspota, sino a un tutor. Por eso no tendrán temor en elegirlo: “Ven señor, guía mi mano”.

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