El país de Maluma

Diciembre 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

¡Qué paradoja! El país que se reclama por ser uno de los más felices del mundo, no logra salir de la conmoción producida por el crimen atroz de una niña indígena de 7 años. Es el mismo país donde los datos de Naciones Unidas revelan que “cada día son agredidas sexualmente 21 niñas entre los 10 y los 14 años”. Con esos datos no se comprende como es que Colombia es uno de los países más felices del mundo. Un país donde el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, debe tener vigentes más de 120 mil procesos de protección para niños, niñas y adolescentes víctimas de alguna vulneración de sus derechos. De estos, una proporción superior a 30 mil casos corresponderán a algún tipo de maltrato infantil, incluyendo maltrato por negligencia y más de 6 mil casos de abandono. ¿Cómo puede ser feliz un país en el que cada 9 horas es asesinado un niño? De esos datos, el Valle reportó el triple de los casos registrados en Antioquia y Bogotá; cinco veces los casos de Cundinamarca y nueve veces los registrados en Santander.Muy seguramente Colombia no será el más feliz del mundo, pero sí es el país de Maluma. Es decir, un país que rinde culto a las actitudes machistas y a los comportamientos que implican la degradación de la mujer. Basta escuchar su canción ‘Cuatro Babys’ (cuyo video oficial ya superó 197 millones de visitas), para entender cuáles son los valores y principios que rigen la relación con la mujer. Ya no estamos ante las letras de denuncia social, con discursos feministas y antisistema que en principio caracterizan al reggaetón. Ahora tampoco se trata solamente de una letra que, al igual que muchas otras letras de otros géneros, ponen en condición denigrante a la mujer. Más profundamente, estamos ante un movimiento que rinde culto a una cultura del dinero fácil y el derroche como el mejor medio para obtener lo que quiera; Una manera de vivir la vida que no precisamente valora el trabajo y el respeto por el otro; Y unas reglas de juego en que la violencia íntima lo regula todo. Quizá Maluma no es consciente de que es un ídolo entre los niños y que los mensajes de su música están promoviendo esa cultura y esas formas de violencia.Pero no sólo es Maluma. Él apenas es un referente. Una manera de llamar a ese país en el que, quizás sin darse cuenta, cada vez más deja que gane espacio la convicción que el dinero fácil es el mejor camino para comprarlo todo. Es una manera de fotografiar a una sociedad que ve con normalidad la violencia contra la mujer o los niños. Lo peor, que no ejercen presión para que los gobiernos respondan o que por lo menos tomen medidas para hechos como el que hoy lamentamos, no se vuelvan a repetir.Pero quizá lo más amargo, es que en este momento hay muchas Yulianas que pudieron correr la misma suerte que la Samboní. El problema está en que no sabemos nada de ellas, simplemente porque hacen parte de esa inmensa población de “niños que nadie reclama”. Es decir, niños que por su condición de exclusión e indigencia, terminan torturados, vejados y muertos a manos de personajes sumidos por la droga, el alcohol o por una violencia que desde pequeño le enseñó como había que proceder en la vida.Y más amargo todavía es la constatación de que el problema no es de estrato social. No es la cadena de violencia a la que están condenados los más pobres. No. Estamos ante una cultura de violencia generalizada. Musicalizada. Normalizada por los ídolos de los niños. Que toca a todos los hogares y los niveles sociales. ¿Cuántas Yulianas de estrato 8 vivirán hoy en silencio la violencia de la que fueron víctimas de personas cercanas, mientras en las fiestas de diciembre se baila las ‘Cuatro Babys’?

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