Desactivar la bomba social

Septiembre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

“Si una ciudad no logra satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, estableciendo aquellas condiciones que les permitan mejorar su calidad de vida y ofreciendo oportunidades a sus residentes para que puedan alcanzar su pleno potencial, aún si se logra el éxito económico, no es una ciudad exitosa”. Con esta afirmación se abre el informe que acaba de publicar el Índice de Progreso Social para las ciudades colombianas, 2015. Se trata de evaluar la eficacia con que el éxito económico de una ciudad se traduce en Progreso Social.En términos generales, el informe trae una buena noticia: En los últimos cinco años, las ciudades colombianas han mejorado sus accesos a la información y las telecomunicaciones; a la educación superior y a la seguridad personal. Ha descendido la sostenibilidad de los ecosistemas, lo que implica que en la próxima década hay que hacer un gran esfuerzo en esta materia.Pero cuando se observan los resultados por ciudades, se encuentra que a Cali le va muy mal. Según el informe, la capital del Valle ocupa el octavo lugar entre las 10 primeras ciudades del país en Progreso Social. La superan, Barranquilla, Ibagué, Pereira, Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Manizales.Hay tres rubros en los que los resultados son especialmente preocupantes para Cali. En primer lugar, está el retraso en la provisión de agua potable y saneamiento básico. Dice el informe que “Salvo en Ibagué y Cali, prácticamente la totalidad de los hogares urbanos tiene acceso a agua potable y saneamiento mejorado, y los niveles de satisfacción con la calidad del agua y con la infraestructura de saneamiento es alta”… “La mayoría de las ciudades tienen puntajes cercanos o superiores a 85. Esto es, niveles muy altos en el componente de Agua y Saneamiento. Ibagué y Cali han quedado claramente rezagadas en relación al resto de ciudades, por ello aparecen resaltadas en rojo”.El segundo lugar, está la seguridad y la tolerancia. Junto con Pereira y Valledupar, Cali es la ciudad que registra los más bajos niveles de seguridad, siendo ya superados por Cartagena, Manizales y Medellín. Pero quizá el dato más preocupante tiene que ver con el rubro de ‘Tolerancia e Inclusión’ en donde Cali registra los índices más bajos del país. Mientras que Manizales presenta un índice superior al 90%; Bucaramanga y Medellín en niveles cercanos al 80%; Pereira superior al 66%; Barranquilla y Valledupar en la media del 45%, Cali está muy lejos de todas las demás ciudades sólo con un índice apenas superior al 20%. Cuando se habla de tolerancia e inclusión, se está hablando de tolerancia a los discapacitados, desmovilizados, desplazados, población Lgtbi y, lo más preocupante, el respeto a las normas de convivencia. Y en tercer lugar, el déficit de transporte, la contaminación por ruido, el riesgo de desastres naturales y la recolección de basuras, impiden tener una mejor oferta de bienes que garantice el bienestar de la población. Una ciudad que, a pesar de ser la tercera ciudad del país, no asegura a todos el acceso al agua potable y el saneamiento básico, no ofrece las condiciones básicas de bienestar y que, además, es insegura e intolerante, es una ciudad con alto riesgo de una bomba social. Estos datos no sólo ponen en evidencia el nivel de dificultades que va a tener que enfrentar el próximo alcalde de la ciudad, sino sobre todo el esfuerzo que va a tener que hacer las organizaciones de la sociedad civil para elegir al mejor candidato, ejercer un férreo control sobre sus políticas y aportar los recursos para que el gobierno si no puede mejorar la condición social de la ciudad, por lo menos desactive la bomba social que se está gestando.

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