‘Cargaos pa’ tigre’

‘Cargaos pa’ tigre’

Julio 23, 2017 - 06:45 a.m. Por: Pedro Medellín

La sociedad colombiana parece estar viviendo en un oscuro momento en que la intolerancia se ha convertido en el principal factor de mediación social. Las diferencias se expresan con ofensas. Y se resuelven a las malas. Un buen ejemplo lo constituye el enfrentamiento entre el ex presidente Uribe y el columnista de Semana Daniel Samper. Uno y otro han nutrido sus carreras descalificando a los que están en contra de sus ideas. Uribe, señalando como terrorista al juez que le impidió una norma abusiva o como amigo de las Farc a quien se opuso a sus políticas; Samper, aprovechando los defectos físicos o la condición social de las personas para aplastar su honra, burlándose, o someterlos al escarnio público como ejemplo de ordinariez o imbecilidad. Entre ellos, no es que sean muchas las diferencias.

Pero ese enfrentamiento es un pálido y ridículo reflejo de la intolerancia en la que estamos viviendo los colombianos. En los colombianos crecen, cada vez más, uribitos y samperitos que nos llevan a expresar nuestras diferencias con ofensas. Y a resolverlas a las malas. A ver en cada afirmación, una mala intención. Vivimos ‘cargaos pa’ tigre’. A la más mínima oportunidad, ante la más pequeña muestra de desacuerdo, reaccionamos con furia. Y buscamos atacar con algo que de verdad duela. No importan las condiciones del otro. Ni su género, ni su edad, ni su estado de indefensión o su nivel de peligrosidad. Mucho menos las consecuencias. Así vivimos el día a día los colombianos.

Pero no somos conscientes del daño que esa actitud produce en la sociedad. Según el informe de Medicina Legal, la intolerancia fue la razón que estuvo detrás de dos de cada tres homicidios ocurridos en 2016. Y fue la que llevó dolor a las familias de 7.611 personas muertas de manera violenta. Y es la razón que hizo que se presentaran 225.711 casos de agresiones, que se desagregan en 123.298 casos de violencia interpersonal; 77.180 de violencia intrafamiliar; y 21.399 de violencia sexual. Esto es, que a diario más de 20 personas pierdan la vida; que más de 317 personas hayan que tenido que recibir por lo menos una incapacidad entre 1 y 30 días, y 18 recibieran una incapacidad entre 30 y 90 días; que el 211 hogares se hayan visto afectados por los golpes de la violencia; o que más de 58 personas hayan tenido que ser examinadas para determinar el grado de afectación que les produjo el ataque sexual del que fueron víctimas. Más cuando cada día uno de esos muertos es un menor de 18 años y 15 afectados con lesiones personales son menores de 14 años. Y, sobre todo, cuando la combinación letal de las armas de fuego con el consumo de alcohol y drogas, están presentes en ocho de cada diez homicidios.

En el Valle del Cauca los esfuerzos se tienen que redoblar. De los 31 casos de homicidio por intolerancia que se registran diariamente en el país, 6 se producen en el Valle del Cauca y de estos 3 corresponden a hechos de violencia en Cali. Pero el esfuerzo no está solamente en reducir las tasas de homicidio, sino en erradicar esa cultura de la intolerancia que está copando todos los ámbitos de la vida política, económica y social de la región. Hay que tener presente que cada día 61 personas reciben incapacidad por las lesiones que ha recibido en un hecho de intolerancia. De estos, 26 por violencia interpersonal, 14 por violencia intrafamiliar, 5 por agresión sexual, y los restantes por accidentes de tránsito y otras lesiones accidentales.

Debemos enfrentar esa cultura de los uribitos y los samperitos en que la suma de la intransigencia, la irritabilidad, el desprecio por el otro nos está llevando a vivir como ‘cargaos pa’ tigre’. Entender que con ellos aprendemos el valor de ser tolerantes. De lo contrario, seguiremos condenados a vivir de una manera en la que perdemos todos.

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