Bien por los derechos, ¿y los deberes?

Abril 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

Plausible la decisión de la Corte Constitucional. Dar vía libre al matrimonio entre personas del mismo sexo es uno de los mayores avances logrados en la búsqueda de la igualdad de derechos. Con esa decisión entramos a hacer parte de una escasa veintena de países que hacen ese reconocimiento. No hay duda. Un avance.Sin embargo, Colombia no es un país que se caracterice por la proporcionalidad entre los derechos y los deberes. Desde la Constitución de 1991, más de 80 artículos regulan todo lo relativo a los derechos (fundamentales, económicos y sociales, y colectivos y del medio ambiente) de los ciudadanos. Y ya en la conciencia de los colombianos se ha instalado la convicción de ejercerlos y hacerlos defender. Según la Defensoría del Pueblo, una de cada dos de las cerca de 500 mil tutelas presentadas en 2014 se constituían en peticiones que buscaba de las autoridades pronta resolución a problemas; una de cada cuatro invocaba el derecho a la salud (más de 120 mil); una de cada seis, la defensa a los derechos económicos, sociales y culturales; una de cada nueve el derecho a la vida digna y dignidad humana; y una de cada diez el derecho a la seguridad social.Pero así como exigen sus derechos, los colombianos no parecen tener la misma convicción para cumplir con sus deberes. En el único artículo que consagra la Constitución de 1991 al cumplimiento de deberes y obligaciones (Art. 95), se establecen como obligaciones de los ciudadanos: respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios; ser solidario con los conciudadanos, ayudando con acciones ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas; respetar y apoyar a las autoridades democráticas; defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica; participar en la vida política, cívica y comunitaria del país; propender al logro y mantenimiento de la paz; colaborar para el buen funcionamiento de la administración de la justicia; proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación de un ambiente sano; y contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad.La realidad es inocultable: En el pago de los diferentes tipos de impuestos se calcula que para 2015 se están evadiendo más de $ 70 billones de pesos. Así por ejemplo, en el impuesto de renta, el mayor del país, es pagado solo por 3.500 empresas, de las 800.000 sociedades registradas; en las normas de tránsito y convivencia ciudadana es en donde mayores niveles de incumplimiento se llegan a alcanzar. Aún cuando no hay cifras confiables sobre el respeto a las normas, la proporción de ciudadanos que cometen infracciones de tránsito puede considerarse de 1 a 3. Es decir, que por cada ciudadano que respeta las normas de tránsito hay tres que las están infringiendo. Quizá el dato que mejor refleja esa situación, es el aumento de los índices de muertes en accidentes de tránsito que en 2014 llegó a una tasa de 12,7 por cada 100 mil habitantes. De la misma manera, las cifras relacionadas con el respeto a la convivencia no permiten dar una visión clara de qué tanto se respetan esas normas. Lo cierto es que en Colombia la tasa de homicidios no logra reducirse a niveles inferiores a los 25 por cada 100 mil habitantes. Y si hubiese un indicador de solidaridad ciudadana, es seguro que los reportes no serían los mejores. Si hay un rasgo comportamental que tienen los colombianos en los espacios públicos, es su resistencia a ser solidario con sus conciudadanos. El día en que pasemos de la sociedad de los derechos, a la sociedad de los deberes, sin duda tendremos un país mejor, más desarrollado y más igualitario.

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