Ambientes de guerra

Agosto 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Pedro Medellín

El cada vez más punzante debate por el Sí o por el No a los acuerdos firmados entre el Gobierno y las Farc en La Habana, está comenzando a sacar lo peor de los colombianos. Nadie quiere argumentar para tratar de convencer sobre la mejor opción. Sólo se busca atacar al otro, como si fuera el peor de los enemigos. Cuando no trata de desdeñar lo que dice, se recurre a la burla, al señalamiento. Se le matricula en el bando enemigo y exagera sus posiciones: El que no está con la ‘paz’, es porque quiere la ‘guerra’, gritan los de un lado; prefiero estar en Colombia en guerra, que vivir en Venezuela en paz, gritan los otros. Y en este escenario, ni el Gobierno ni las Farc, ni los que se oponen, ayudan. No ponen su cuota de sensatez, hacen parte del mismo juego. Y en no pocas ocasiones, han contribuido a acrecentarlo. No se percibe una actitud positiva hacia la ‘paz’. No hay ambiente de reconciliación. Cada quien quiere mostrar que lo firmado no fue una claudicación, sino que lo suyo es una victoria. Y pretenden que los votos mayoritarios se conviertan en un castigo para los que han sido sus enemigos. No se está pensando en el país ni en su futuro, sino en la necesidad de pasar factura al enemigo. Vivimos un momento en el que no se dialoga, ni mucho menos se delibera. Cada quien lee en los acuerdos sólo aquello que le conviene leer y que sirve para demostrar quién tiene la razón. Lo grave es que, mientras en las redes sociales el campo de batalla es más fuerte, en muchos municipios y regiones del país, se está produciendo un silencioso rearme o un reacomodamiento de todos los que tienen el control armado territorial o están en disputa de territorios. Listos para defender lo que hasta ahora se ha ganado, o para dar el zarpazo y recuperar lo perdido en el momento que sea necesario.Porque no hay que olvidar que en más de 350 municipios colombianos, persisten actores armados de distinta índole. Y las Farc son sólo uno de esos grupos. Y en un momento en que el diálogo y la disposición a la reconciliación deberían marcar a votar por el Sí o por el No, la polarización se convierte en un campo abonado para la acción de estos grupos armados. Porque también ellos están divididos. Unos tienen sus razones para que gane el Sí, y otros están interesados en que gane el No. Según los mapas de vulnerabilidad en el postconflicto, en el país hay 87 municipios en situación de riesgo extremo, debido a que allí la presencia de actores armados ilegales, coincide con los mayores índices de pobreza y abandono estatal, y un elevado nivel de población con necesidades básicas insatisfechas (NBI); hay 85 municipios en situación de riesgo alto, y 104 con en riesgo medio alto. Es decir, allí se está viviendo el conflicto en toda su intensidad. Y si a estos 276 municipios, les sumamos aquellos en los que la presencia de grupos armados ilegales coinciden con largas extensiones de siembra de coca o con un alto número de explotaciones mineras ilegales, tendremos que (siendo optimistas) en uno de cada de tres municipios en el país, los votantes por el Sí o por el No, van a tomar su decisión bajo la influencia de las armas; incluyendo a los miembros de las Farc que no querrán abandonar la acción armada o a las bandas armadas que en muchas ciudades medianas y grandes van a querer que sus ‘protegidos’ voten en una u otra dirección.Así que va siendo hora de bajarle a las tensiones y al tono en este ambiente de guerra que está generando la votación por el plebiscito. Es mejor que el enfrentamiento por el plebiscito se convierta en un terreno de diálogo y deliberación, basado en el respeto por el otro, sobre cual debe ser el mejor camino y los mejores argumentos para ir a las urnas a votar Sí o No a los acuerdos de La Habana.

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