2018: el poder del voto libre

2018: el poder del voto libre

Diciembre 24, 2017 - 09:32 a.m. Por: Pedro Medellín

El plebiscito del 2 de octubre de 2016 dejó una lección poco valorada: el poder del voto libre. Es decir, el voto que los ciudadanos decidieron sin ataduras clientelistas y sin más motivación que la propia convicción sobre como se debe decidir en un asunto tan trascendental.

Pese a que, en su momento, tenían en contra la inmensa presión ejercida por los medios de comunicación, la mermelada gubernamental, las maquinarias clientelares del Congreso y los gobiernos territoriales, la comunidad internacional y hasta por el Papa (que había anunciado visita si ganaba el Sí), los votantes del No se hicieron valer y ganaron el plebiscito por un estrecho margen. Fue una victoria silenciosa, con la que millones de colombianos querían hacer sentir su posición frente al proceso con las Farc.

Luego del escrutinio quedó algo en claro: por primera vez en la historia reciente los colombianos habían valorado su voto. Lo habían convertido en un medio de expresión política, en una fuerza real que quiso indicar el curso que se debía seguir con las Farc. Y digo que se valoró el voto porque cuando los más de seis millones depositaron su voto, lo hicieron no porque tenían la convicción de que iban a derrotar al Sí, sino porque querían dejar un mensaje claro frente al proceso. Las previsiones que presentaban las encuestas de 80/20 a favor del Sí, le hicieron pensar a muchos del No que debían salir a votar para que la victoria del Sí no fuera tan amplia. Nadie esperaba ganar. Muchos votaron para que la diferencia no fuera tan aplastante.

Más allá de lo que sucedió después con los resultados, lo que resulta verdaderamente relevante, es la novedosa convicción de que el voto vale. Y cada vez son más los colombianos, que habiendo recibido pago por su voto, toma su decisión de valor. Es lo que dicen los políticos que conocen bien esos entramados. Están viendo que, en que en la compra de votos, no sólo es cada vez mayor el monto que hay que pagar por voto, sino que también es cada vez menor el margen de seguridad que se tiene de que los votantes, van a votar efectivamente como lo indica el intermediario, que vende los votos.

Lo interesante de esto es que el fenómeno del voto libre se va a ver en las próximas elecciones en toda su dimensión. Por una parte, en las elecciones de marzo, en las votaciones de las listas a senado y cámara, en donde vamos a tener más de una sorpresa electoral en la conformación del Congreso. Muchos electores, van a recibir el pago por su voto, cumpliendo por el voto por el representante a la Cámara de pagó el voto, pero para Senado, su votación será libre. Va votar por quien considere conveniente. Es lo que pasó en Bogotá, que los votos por Concejo y por Alcaldía se separaron: las clientelas votan por su candidato a concejo, pero para Alcaldía no votan necesariamente por el candidato que hizo acuerdo con el concejal. Es lo que pasará en las próximas parlamentarias: un senado de más calidad y más nacional, y una cámara más atada a la votación de las maquinarias.

Y por otra parte, en las presidenciales, el voto libre será el gran elector. Bien porque los jefes políticos regionales ya han sido electos al Congreso, y se van a mover poco de ahí en adelante, o bien porque las campañas presidenciales van a manejar sus propios operadores (incluyendo aquellos que compran los votos) con los que van a buscar algún margen de seguridad en los resultados electorales. Pero ahí, no hay nada escrito.

El punto es que, paradójicamente, en un momento en que los poderes clientelares de la mermelada han alcanzado su máximo poder, va a ser el voto libre el que defina como estará conformado el Congreso para el próximo cuatrienio y, sobre todo, quien será el próximo presidente de los colombianos. Curioso, ¿no?

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