Un chance a la paz

Enero 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Se inicia este 2014 de definiciones cruciales, en el que se decidirá si Colombia escoge darle un chance a la paz de la mano del presidente Santos, o si opta por tomar otro rumbo.Lo más probable, según lo indican las encuestas, es que así sea: hoy, el Presidente les lleva una gran ventaja a los demás candidatos y hasta podría ganar en primera vuelta. De modo que si no ocurre nada extraordinario que tenga un impacto muy negativo en la opinión, como fue el caso del paro agrario, tendríamos Santos para rato.Y si ello ocurriera habría dos opciones: una, la más probable y torpe de todas, que siguiera el bombardeo contra él y todas sus acciones de parte de la oposición, y que el gobierno adelantara en solitario la negociación con la guerrilla hasta firmar unos acuerdos de paz que no contarían con el apoyo unánime del país y que, por lo tanto, serían más difíciles de aclimatar y de hacer cumplir.Y la otra, la opción más inteligente y madura de todas, sería la de que una vez reelegido el Presidente, las distintas fuerzas políticas (desde la izquierda de Jorge Robledo y Clara López, hasta la derecha de Álvaro Uribe), aceptaran esa nueva realidad política y consideraran que la consecución y consolidación de la paz deben ser políticas de Estado, alejadas de las pasiones personales y de los intereses electorales, como tradicionalmente lo habían sido las relaciones exteriores del país, y que buscaran llegar con el gobierno a un “acuerdo sobre lo fundamental”, como diría el lúcido Álvaro Gómez (q.e.p.d.)Ese escenario no es tan difícil de que se dé porque, por un lado, la izquierda siempre ha querido la paz negociada y, por otra, el expresidente Uribe acaba de hacer una positiva declaración: “No seremos obstáculo para la paz”, dijo. Sin embargo, agregó: “Pero nos opondremos a que no se castigue con cárcel a los criminales de delitos atroces, se les eleve a partido político y se les convierta en congresistas, porque la falta de justicia es mal ejemplo a las nuevas generaciones, impide el perdón, no garantiza paz estable, engendra nuevas violencias y desprotege a las víctimas”.¡Ese argumento es válido para muchos! Pero lo que sí cuesta trabajo creer es que quien ahora lo esgrima sea el mismo dirigente que, como Senador liberal, el 20 de mayo de 1992, promovió el proyecto de ley de indulto total para el M19, el cual incluyó los llamados “delitos atroces” excluidos de la primera ley de indulto expedida en 1989, asunto que le sirvió de base a una juez para calificar la toma del Palacio de Justicia como un delito atroz y, por ende, dictarles orden de captura a los exmiembros de la cúpula de esa organización, quienes entonces ya eran políticos reconocidos, especialmente su jefe, Antonio Navarro, para esa época expresidente de la Constituyente y exministro de Salud del gobierno de Gaviria.De manera que así como Uribe salvó la consolidación de la paz con el M-19 y logró que se les garantizara a sus miembros la posibilidad de pertenecer a un partido político y de ser elegidos al Congreso y demás cargos de representación popular, hoy podría doblar la página, retomar su rumbo, recordar que por sus venas corre la sangre del general Uribe Uribe y convertirse en el principal promotor de la consolidación de la gran paz de Colombia.Así, el país le quedaría eternamente agradecido. Y los colombianos lo querrían aún más.

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