Sueños y realidades

Abril 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Cuando al despertar del martes me encontré con que el principal titular del periódico decía, a cuatro columnas, que el presidente Santos prometía que “nadie será espiado por su filiación política,” sentí que soñaba: era un milagro, o algo digno de nuestra literatura de lo real maravilloso, que ese anuncio lo hiciera precisamente él, quien fuera Ministro de Defensa estrella del gobierno de Uribe, dedicado a ‘chuzar’ los teléfonos de los miembros de la oposición, de las ONG, de los periodistas y políticos no afectos al Presidente y, ¡oh vergüenza!, de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que investigaban a los congresistas involucrados en la parapolítica, cercanos a Uribe.Sin embargo, viéndolo bien, esa era una lectura superficial, y no era tan extraño que el Presidente de hoy hiciera ese anuncio, pues cuando se destapó el escándalo de las intercepciones telefónicas a los opositores al Gobierno, practicadas por el DAS, servicio de inteligencia que depende de la Presidencia de la República, Santos, como Ministro de Defensa, dijo que era partidario de que el DAS se acabara. Pero, de inmediato, el presidente Uribe saltó, como un resorte, a desautorizarlo, y manifestó que el DAS no debía acabarse. Desde entonces, para mis adentros, empecé a sospechar seriamente que la política, o la orden, o la idea, o la sugerencia, o el mal entendido, o como quiera llamarse, de chuzar a la oposición, provenía ni más ni menos que del propio presidente Uribe. Y ahora, por El Tiempo del martes, supe que ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, “varias ONG aseguraban que la responsabilidad del ex presidente Álvaro Uribe en el caso de las intercepciones ilegales del DAS era cada día más clara”.De modo que esas sutiles discrepancias entre el Presidente de entonces y su Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, que muy tangencialmente aparecían en los medios de comunicación, explican por qué ahora no estamos soñando y es lógico que sea Santos quien haya presentado un proyecto de ley que busque que “en Colombia a nadie se le podrá hacer seguimiento por motivo de filiación política o su participación en organizaciones no gubernamentales”, como dijo él.Ahora, lo fundamental es que ese respeto a la libertad de pensamiento y opinión política se dé en la práctica, y que no ocurra lo que está pasando con el loable propósito del Gobierno, de restituirles las tierras a los despojados de ellas por la fuerza: que a pesar de tener toda la voluntad política de cumplir su promesa, los “enemigos agazapados de la paz”, como diría el gran Otto Morales Benítez, se lo impiden: ¿en los últimos meses, cuántas personas en proceso de recobrar sus tierras han sido asesinadas? He ahí el gran desafío de Santos: lograr que el país formal y el país real, se adecúen, como plantearía ese importante pensador de izquierda, Diego Montaña Cuéllar, q.e.p.d.; conseguir que la nación que él dibuja y propone en sus decretos y proyectos de ley, sea la misma por donde el pueblo transita día a día; hacer realidad el milagro de que la Colombia del final de sus días sea igual a la Colombia de sus sueños. ***¡Qué falta nos van a hacer Gloria Valencia de Castaño, la dama de la TV, y Sonia Osorio, la reina del ritmo y de la danza. ¡Ambas, queridas amigas, descansen en paz!

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