Su primera gran derrota

Mayo 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

“Los ex presidentes somos como los muebles viejos”, decía Carlos Lleras Restrepo con su capacidad de reírse de sí mismo...Esa sabia metáfora fue entendida por unos ex mandatarios, pero otros ni siquiera la tienen en cuenta. Algunos, como Alberto Lleras, asumieron con gran dignidad su nueva verdad y, con discreción, se sumergieron en los libros y en el silencio, y descubrieron el encanto del retiro. Otros, como Belisario Betancur, sublimaron con la cultura su deseo de poder. Unos, como Carlos Lleras, se inventaron oficio: él, su revista Nueva Frontera, en la que trabajaba veinte horas diarias, escribía del país, de su historia, de su vida, de sus encuentros con personajes ilustres, de los amores de ciertas damas, de los poetas y traducía los versos eróticos de sus autores preferidos. (“¡Qué bueno para Carlos que encontró oficio!”, me dijo un día Alberto Lleras). Otros se han inventado fundaciones y oficio en foros internacionales. Pero hay uno que no logra doblegar su libido imperandi y que, al paso que va, puede terminar mal de la cabeza, como le ocurrió al actor de la serie de Bolívar, quien murió convencido de que El Libertador era, en verdad, él.El caso del ex presidente Álvaro Uribe es difícil: si no es capaz de superar su pérdida del poder, desprenderse del Twitter, dejar de insultar a cuanto columnista lo mencione y de monitorear todo lo que hace y dice el nuevo mandatario (“a ningún Presidente le gusta ni su antecesor ni su sucesor”, decía también Carlos Lleras); si Uribe no entiende que ya no es él el que manda y que es normal que ya no le obedezcan los políticos, porque el poder de nombrar funcionarios ya no está en sus manos; si no aprende la lección, se retira discretamente y deja de dar órdenes que no le van a obedecer, va a sufrir.Es lo que acaba de pasarle con su empeño en ganarle el pulso al Presidente en cuanto a la discrepancia de si hay o no conflicto armado: para impedir que en la Ley de Víctimas (a la que tanto se opuso, también infructuosamente) dijera que sí lo hay, el ex presidente se reunió con sus ex áulicos, y quedaron en que el Senado en pleno (de mayoría uribista) decidiría el asunto. Y el Senado, por unanimidad, acogió la posición de Santos, y ni los más caracterizados uribistas dijeron “mu”. Ese es el primer gran pulso político que se ha dado entre el antiguo Presidente y el actual. Y Uribe lo perdió estruendosamente. Es importante que aprenda la lección y que acepte que no le queda más remedio que asumir su condición de mueble viejo. Tal vez le sirva hacer una sicoterapia intensiva que le facilite aceptar su realidad. Y le haría bien conseguir un oficio que lo apasione: dicen que le encanta arreglar cachivaches: podría montar un taller de reparaciones de objetos viejos, y hacerlo todo él, por ejemplo. Pero lo que más le convendría sería guardar silencio, retirarse unos días al campo, solo, al margen de las noticias y del poder, mirarse adentro, conversar consigo mismo, vaciar su copa y darse cuenta de que en las cosas sencillas (el goce del amor, de los nietos, del embrujo del alba y del crepúsculo en el campo) hallaría la felicidad y de que él, que ama la poesía, podría refugiarse en ella, disfrutarla, saborear el encanto de lo simple, y recordar ese bello verso de Aurelio Arturo que nos impulsa a vivir de la manera más grata “los días que unos tras otro son la vida.”

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