Si mataran a ‘Cano’…

Febrero 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Ante la noticia de la muerte del jefe de las Farc, dada el viernes por el serio portal La Silla Vacía, y desmentida por el Gobierno en medio de la confirmación de que hay intensos combates donde él se encuentra, caben dos reflexiones: si lo mataron, perdió la oportunidad de pasar a la historia como el hombre que permitió que Colombia conquistara su sueño de paz. Y si no, ‘Alfonso Cano’ debe entender que, con Santos, las Farc pueden firmar ya una paz digna: sólo tienen que entregar a los secuestrados, silenciar sus fusiles y declarar, como se los han dicho sus maestros, Fidel Castro y Hugo Chávez, que la hora de la lucha armada pasó y que renuncian para siempre al uso de la violencia.(Si me escucha, Alfonso, por favor: ¡convenza a su gente de que ese es el camino! ¡Y hágalo ya!, antes de que sea demasiado tarde…)* * *¡EXÁMENES SÍ!: son incomprensibles las críticas al proyecto de ley con el que el senador Armando Benedetti busca establecer que, de manera obligatoria, se les haga un examen psicofísico a los vigilantes privados.Un test semejante es indispensable para todo el que porte un arma y, según Benedetti, es obligatorio para el personal de seguridad que pertenece al servicio público. Pero no puede tratarse de una pruebita cualquiera. Tiene que ser un estudio profundo que mire las proyecciones del inconsciente y establezca si esas personas tienen el equilibrio mental necesario para portar armas sin que, en cualquier momento, ante la más leve provocación, se conviertan en un peligro para quienes están a su alrededor.La experiencia demuestra que esas pruebas no se aplican con el rigor requerido. O que se utilizan unas muy elementales, que no arrojan las pistas necesarias sobre la siquis de los examinados: esta semana, por ejemplo, se supo que uno de los implicados en el asalto al Colegio del Santo Domingo en Bogotá es un antiguo soldado. ¡Y cuántos casos no se conocen de ex policías y escoltas que participan en atracos, robos y secuestros! Personalmente, recuerdo tres historias de escoltas conocidos que protagonizaron hechos lamentables: uno, que trabajaba para la Procuraduría, acostumbraba a jugar a la ruleta rusa, hasta que una noche, prestando servicio, y practicando al mismo tiempo su mortal juego, se pegó un tiro en la cabeza y murió. Otro, que laboraba en la Fiscalía General, y vigilaba en el colegio a los hijos de un alto funcionario, también se suicidó. Y otro, que igualmente prestaba servicio de escolta, y cuidaba a los hijos del Fiscal General en ese colegio, donde también estudiaban los nietos de Gilberto Rodríguez Orejuela, dejó su puesto en el servicio público ¡y se pasó a trabajar con la seguridad del jefe del Cartel de Cali!Se sabe que todos los que escogen la carrera de las armas buscan, de manera inconsciente, el peligro, y que cuando a ellos se les practican pruebas sicológicas profundas, el porcentaje de los que aparecen como potencialmente peligrosos es mucho mayor que el de quienes optan por oficios distintos. ¡De modo que no hay que criticar la iniciativa de Benedetti, ni el Gobierno ni nadie puede protestar porque los exámenes cuesten! Al contrario, es indispensable profesionalizarlos más, extenderlos a todos los que porten armas y garantizar, hasta donde sea científicamente posible, que quienes nos cuidan, nos protejan de verdad y no sean, ellos mismos, un peligro para la sociedad.

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