¡Qué vergüenza! ¡Qué belleza!

Diciembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

¡Qué vergüenza!: escuchar la revelación que hicieron la Fiscal General de Estados Unidos, Loretta Lynch, el director del FBI de ese país, James Comey, y el Fiscal del distrito de Nueva York, Robert Capers, sobre la participación de Luis Bedoya, quien fuera Presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, FCF, durante nueve años, en fraudes de transferencias bancarias y conspiraciones de soborno.Sobre el colombiano Bedoya y su combo, la Fiscal dijo: “no contentos con secuestrar el deporte más popular del mundo por décadas, con ganancias ilícitas, estos acusados trataron de institucionalizar su corrupción para asegurarse de que podían vivir de ella, no por bien del juego, sino para su propio engrandecimiento personal y el aumento de su riqueza”.Y sobre Bedoya, en particular, quien aduciendo motivos estrictamente personales había renunciado a su cargo en la FCF el pasado 9 de noviembre, el Fiscal Carpers, afirmó: “se acercó a nosotros a asumir su culpa”.No hay derecho a que un líder deportivo colombiano haga parte de ese cartel de hampones de la Fifa, justo después de que la terrible imagen de Colombia en el exterior había empezado a mejorar poco a poco gracias a las acciones positivas de James, Falcao, Shakira, Sofía Vergara, Carlos Vives, García Márquez y hasta el Presidente Juan Manuel Santos, cuyo proceso de paz ha sido muy bien recibido por la comunidad internacional. Ya todos ellos habían empezado a hacerle contrapeso a la asociación negra y única del nombre de Colombia con la coca y con Pablo Escobar.Pero ahora Bedoya vuelve a ponernos en la primera plana de los hampones del mundo.¡Qué triste, Bedoya!* * *¡Qué belleza!: escuchar el diálogo que, para presentar Dos años, ocho meses y veintiocho noches, la última novela del escritor británico de origen indio, Salman Rushdi, autor de Los Versos Satánicos, sostuvo con él Héctor Abad Faciolince, el pasado jueves en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá.El libro, una ficción que recuerda el realismo mágico, donde hay seres que niegan la fuerza de la gravedad y empiezan a caminar alejándose del suelo hasta que mueren es, según Abad, “un cuento de hadas filosófico en el que luchan dos concepciones de la vida: el fanatismo de la fe y la confianza de la razón”.Rushdi, quien en la presentación que hizo en octubre de los papeles de García Márquez en el Harry Ranson Center de la Universidad de Texas en Austin, dijo que cuando había leído Cien Años de Soledad había descubierto que Pakistán era igual a Macondo, pronunció en su presentación del jueves frases que son como cañonazos que se atornillan a la memoria. Por ejemplo:“Una de las tristezas de la literatura es que cualquier cosa que uno haya hecho, ya la hizo otro”.“Los escritores parecen obsesionados con la infelicidad. Ese es justamente el libro que yo no quiero escribir”.“Me sorprendió lo alegre que resultó este libro mío. En él predomina lo cómico”.“Kafka me ayudó a escribirlo”.“Ahora el mundo es más extraño que la ficción”.“Si no podemos burlarnos de los poderosos, no tenemos poder contra ellos”.“Hay que tener cuidado con lo que se desea, porque si uno lo alcanza, se dará cuenta de que eso no es lo que se quería”.“Desear es peligroso”.“Por más adornos que tenga, la verdad que cuenta la historia (de este libro) es la verdad de la naturaleza humana.”¡Qué bonito, Rushdi!

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