¡Polvos explosivos!

¡Polvos explosivos!

Agosto 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

¡Que semejante conflicto mundial (amenaza de Inglaterra de tomarse la Embajada de Ecuador, reunión urgente de cancilleres latinoamericanos, etc.), lo hayan desatado dos polvos consentidos, tenidos en Suecia con un churro de moda, por dos mujeres mayores y amigas entre sí, quienes al conversar sobre sus aventuras descubrieron que su nueva conquista había sido en esos días amante de las dos, y enfurecidas por los celos lo demandaron por no usar condón, no lo explica sino el que detrás haya una presión política de marca mayor.Y no es para menos: ¡si el acusado es el australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks, la web que puso en jaque a la primera potencia por divulgar las comunicaciones sostenidas entre sus diplomáticos y sus superiores en el Departamento de Estado, en las cuales informaban sobre los miles de “secretos de cocina” que se tejían en el mundillo político de las naciones con las que Estados Unidos tenía relaciones!Conseguir semejante primicia, que implicaba penetrar la estructura ultra-secreta de la inteligencia gringa, chiva de la que cualquier buen reportero envidiaría ser su autor, no era perdonable. ¡Y como a Assange no podían encarcelarlo por violar ningún sumario, porque lo que estaba era cumpliendo con su deber de informar para defender el sagrado derecho de los ciudadanos a estar bien informados, se prendieron de ese episodio picaresco para buscar, por cualquier vía, su extradición final a Estados Unidos, donde lo mínimo que le esperaría sería la cadena perpetua o, lo que es más probable, la silla eléctrica, no por penetrar sin condón al par de viejas que pasaron con él una noche de sexo tan grato que no le perdonaron que semejante placer no fuera exclusivo para cada una de ellas, sino por penetrar la impenetrable red de la todopoderosa inteligencia norteamericana! De modo que quienes estamos dispuestos a defender hasta con nuestra vida la libertad de expresión, no podemos sino solidarizarnos con Assange y ejercer toda la presión posible para que Gran Bretaña, tal vez el mejor aliado de E.U., no se atreva a tomarse por la fuerza, en Londres, la sede de la Embajada de Ecuador, país que le concedió el asilo, no importa la razón que lo haya impulsado a ello, la cual seguramente no es otra que el oportunismo político de su Presidente, protagonista de uno de los peores ataques a la libertad de información.Ha sido tal la reacción contra la amenaza inglesa a la embajada ecuatoriana, que quizás Gran Bretaña desista de su intención: hacerlo, en términos del derecho internacional, equivale a entrar militarmente en un territorio extranjero. ¡Pero dados los antecedentes, recuérdese la invasión de Inglaterra a las Malvinas, el riesgo es grande!Sin embargo, lo más seguro es que Assange tenga que prepararse para pasar largos y grises años sin salir de esa vieja casona porque, si lo hace, así sea para atravesar el andén con el fin de subir a un vehículo diplomatico que lo lleve hasta un avión similar, al pisar esos centímetros de suelo inglés lo capturarían y lo extraditarían.¡Así que al australiano no le queda más que armarse de paciencia, refugiarse en los libros y -ojalá- disponer, ahí encerrado, de los computadores y el acceso a sus fuentes para que pueda seguir dándonos esas informaciones que nos sirven para ver lo que tanta falta nos hace conocer: ¡las corruptelas, las tonterías y las verdaderas intenciones de los poderosos de turno!

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