¿Perdón entre víctimas?

Diciembre 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

¡Qué compleja puede ser la paz! Así lo demuestra el conflicto entre la exsecuestrada Clara Rojas y el campesino José Crisanto Gómez, a cuyo suegro-curandero las Farc le llevaron el hijo que ella tuvo en su secuestro, para que lo aliviara de las picaduras de pito.Como la guerrilla nunca regresó por el niño, este vivió 6 meses con Gómez y su familia, hasta que él, en huida de las Farc que pretendían que uno de sus hijos se involucrara en sus filas, lo llevó enfermo de paludismo a un hospital del Guaviare y, allí, con su beneplácito, el niño quedó bajo custodia de Bienestar Familiar (Icbf), sin que este ni Gómez supieran de quién se trataba. Ahí duró casi 4 años, hasta que su madre fue liberada y el gobierno le entregó al niño.A pesar de que Gómez, cocalero que habitaba en zona de Farc, apenas ganaba lo indispensable para mantener a su mujer, sus 6 hijos y su suegro, alimentó y vistió durante un semestre al niño sin recibir un peso de las Farc, mal que bien cuidó de él y lo puso en manos de un hospital del Guaviare donde le curaron el paludismo y, allí, Icbf, con la anuencia suya, lo tomó en custodia, porque consideró que las condiciones en que vivía no eran las apropiadas. Pero la madre insistió en culpar a Gómez de secuestro, rebelión, fraude procesal y falso testimonio, como lo hizo la Fiscalía, que lo llevó preso por 4 años, después de los cuales salió absuelto gracias a que en prisión escribió su libro El Hijo de la Selva, que le publicó Editorial Planeta, y con el pago de sus derechos de autor se zafó del defensor de oficio que le aconsejaba declararse culpable, y contrató un abogado que probó su inocencia.El juez de primera instancia absolvió a Gómez, incluso, de haber mentido al registrar al niño con cualquier nombre para afiliarlo al Sisbén y lograr que lo atendieran en el hospital. Pero la madre apeló la sentencia ante el Tribunal Superior de Villavicencio, y ganó en segunda instancia logrando que él fuera condenado a pagar 33 años de cárcel y multa de casi 3.000 millones, castigo hasta risible para un campesino desempleado, amenazado por las Farc, quien sólo cuenta con el subsidio de $1.700.000 mensuales que, por poco tiempo, le ha dado el Ministerio del Interior, y con el que ha mantenido a su prole y a su suegro desde Marzo, cuando quedó libre.El conflicto entre la madre y el campesino acaba de resolverlo la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, gracias al recurso que en nombre de Gómez interpusieron los abogados de la fundación que para defender a las víctimas de injusticias de la justicia creó el exsecuestrado Sigifredo López. La Corte confirmó la sentencia de primera instancia, consideró que Gómez obró bajo “insuperable coacción ajena” y lo absolvió para siempre.Ahora, a Clara y a Crisanto no les queda otro camino que el perdón y la gratitud: ella debe perdonarlo por lo que sea que la hiera, y agradecerle a él que cuidara a su hijo y le salvara la vida. Y él debe perdonarle a ella su empeño en inculparlo y agradecerle que, gracias a su historia, él escribió un libro que sirvió de base para la película ‘Operación E’.Después del perdón, tendrían que poder darse un abrazo: este sería el símbolo del perdón entre víctimas. ¡Oh paradoja!Y, ahora, queridos lectores, les deseo una Navidad llena de paz.

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