¿Otro sigrifredazo?

Abril 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

La condena a pagar 33 años de cárcel y multa de $3.000 millones, proferida por el Tribunal Superior de Villavicencio contra José Crisanto Gómez, un campesino de 42 años que habitaba en zona dominada por las Farc; que fue dejado por su bella y casi analfabeta mujer, quien vive con otro y abandonó en sus manos a sus siete hijos que oscilan entre 6 y 16 años y a su padre, un indígena curandero de 70 años a quien las Farc le llevaron el hijo de Clara Rojas para que lo aliviara de las picaduras del pito (leishmaniasis), demuestra un desconocimiento profundo de la realidad de este país, por decir lo menos.Ahora, Gómez está en Boyacá, aún protegido como testigo por el Ministerio del Interior, interponiendo recurso de casación ante la Corte y esperando que lo capturen.Desde cuando vi ‘Operación E’, película basada en la historia del hijo de Clara Rojas, nacido durante su secuestro, contada desde cuando a los ocho meses fue abandonado por las Farc en manos de la familia del curandero, hasta el momento en que el niño, con casi 4 años, apareció en un hogar de Bienestar Familiar, pensé en que no se sabía quién quedaba peor en la película: si las Farc o la Justicia.Entonces entrevisté al campesino y, al oírlo y mirarlo a los ojos, pensé que era inocente y que injustamente había estado cuatro años en la cárcel para después ser absuelto en primera instancia gracias a que pagó un abogado con el dinero de los derechos de autor que Editorial Planeta le reconoció por su libro ‘El hijo de la selva’.Pero Clara Rojas apeló la sentencia y la Fiscalía lo volvió a acusar de secuestro, falso testimonio, fraude procesal y rebelión. ¿Sin embargo, se puede secuestrar a un niño que no fue secuestrado porque nació en la guerrilla y es tan hijo de una exsecuestrada como de un guerrillero? ¿Y acusar a alguien por conseguir un documento falso porque para que atendieran al niño en el hospital de San José del Guaviare a donde Gómez lo llevó, enfermo de paludismo, dijo que era su sobrino y lo registró con el primer nombre que se le ocurrió? Él, ni sabía quién era el niño, ni de quién era hijo, ni la criatura tenía nombre. ¿Rebelión después de salir despavorido con su mujer, su suegro y sus siete niños, de una zona dominada por las Farc, porque se negó a que la guerrilla involucrara en sus filas a sus niños mayores?¿No tiene en cuenta el Tribunal, como lo determinó el juez de primera instancia, que Gómez actuó bajo presión de las Farc? ¿No piensan en que todo el que aquí vive en una zona dominada por un grupo armado actúa bajo presión, pues si no hace lo que ese grupo le ordena lo matan? ¿No consideran que el campesino le ocultó a las Farc que el niño lo tenía Bienestar Familiar? ¿Y no tienen tampoco en cuenta que fue él quien le salvó la vida al niño?¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Entregarles a las autoridades un bebé que le había dejado la guerrilla e irse a esconder a dónde de las Farc y a sobrevivir cómo con sus siete muchachitos? ¿Y no ha pensado el Tribunal en que con semejante fallo quizás está incubando a siete futuros delincuentes que antes sobrevivían porque su padre raspaba hoja de coca y ahora crecerán resentidos porque la Justicia les arrebató su afecto y su sustento? Entonces seguirán preguntándole a su papá, como lo han hecho hasta ahora: “¿Papá, de qué sirve ser bueno?”. ¿No hay otra vía más justa para impartir justicia?

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