Oigamos a Fukuyama

Agosto 22, 2010 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

“Nunca puede considerarse que la existencia de una democracia esté garantizada,” afirmó Francis Fukuyama, una de las mentes más lúcidas de la época, en su conferencia ‘América en la encrucijada: el futuro de la democracia en el continente’, dictada por él el pasado jueves en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, por invitación que le hiciera José Fernando Isaza, rector de la misma.Según Fukuyama, si bien preocupan en América Latina las tendencias autoritarias que buscan concentrar cada vez más poder en el Ejecutivo, como ocurre en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, lo que más atenta contra la estabilidad democrática de la zona es la inmensa desigualdad que aún existe en el continente. “Es que América Latina es la región del mundo donde hay mayor desigualdad”, dijo.Según el gran profesor de la universidad de Standford, sólo puede haber democracia cuando hay consenso sobre la legitimidad de un andamiaje legal. Pero si el 60% ó 70% de un país se mantiene al margen de los beneficios de ese andamiaje, mal puede acatar la democracia. Ese es el peligro que, en este continente, corremos los países con mayor índice de desigualdad: Brasil, Guatemala y luego Colombia.Por ello el rector Isaza, en la introducción que hizo a la conferencia del profesor de Standford -de quien dijo que pocos analistas, como él, habían tenido, en los últimos 30 años, un impacto tan significativo en la visión de la historia-, manifestó que la teoría de Fukuyama sobre la democracia en América contiene ideas que mucho tienen que ver con Colombia, porque esa alarmante desigualdad nuestra, que no hizo más que aumentar en la era de Uribe, tiene que recibir un urgente tratamiento de choque. Isaza advirtió que si los beneficios del renacer de la minería que vive Colombia, no se invierten en disminuir la desigualdad, pueden generarse situaciones de grave tensión social y de violencia. Fukuyama, quien se declaró admirador de Colombia y de su sistema democrático y confesó que, a pesar de que reconocía los logros obtenidos por Uribe, se sintió feliz cuando la Corte consideró inconstitucional su segunda reelección, explicó que lo que más impacto tiene en el índice de desigualdad, es la política fiscal -es decir, la forma como se recolectan y gastan los impuestos- y la amplitud del acceso a la educación que tenga la población.Lo positivo de su diagnóstico es que la desigualdad es remediable, si se aplican las políticas adecuadas. Pero ello no se conseguirá, por lo menos en el próximo cuatrienio, si Santos no rompe definitivamente con la obsesión de Uribe de satisfacer a los ricos con jugosos subsidios fiscales y de contentar con chichiguas a los pobres.Es que si de verdad no hay un viraje que reduzca nuestro escandaloso índice de desigualdad, como diría Fukuyama, la estabilidad de nuestra democracia no pude garantizarse.***¿Y de la hecatombe qué? La Corte consideró inexistente el acuerdo del establecimiento de las siete bases militares gringas en nuestro territorio, pues no había sido aprobado por el Congreso. ¿Y qué pasó? ¡NADA! En cambio nos echamos encima a más de medio continente cuando Uribe se empecinó en imponernos, contra viento y marea, semejante acuerdo. Entonces, ¿quién nos estaba conduciendo a la hecatombe?

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