Oídos sordos

Abril 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Luego de haber permanecido un par de semanas en Cuba, creo entender mucho más lo que sucede con ese proceso que avanza a paso más lento que el de las tortugas a tiempo que, en Colombia, la gente se desespera y, masivamente, comienza a no creer que vayamos a llegar a buen puerto con el tema de la paz con las Farc.Sucede que en las islas, como su condición geográfica lo indica, se vive en otro mundo, sin contacto con el continente. Pero, por aquello del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, en Cuba el aislamiento es brutal: por más de que se quiera estar bien informado, la inercia va llevando a sumirse en la desinformación: así se tenga internet, como sucede en el Hotel Meliá Cohiba, el mejor de La Habana, donde una hora de conexión a la red vale $10 dólares, la señal se cae cada rato, la navegación es muy lenta y la demora en reconectarse puede ser eterna hasta el punto de que se agoten los diez dólares y apenas se haya podido ojear el correo. Y si se está en un parque o en una calle donde haya WiFi (lo cual es un gran avance en Cuba), el asunto es igual o peor, con la diferencia de que allí los cubanos pagan dos dólares por la hora de conexión (demasiado dinero para los salarios tan bajos que ganan) y los extranjeros gastan una tarjeta que les vale cinco dólares la hora.En el caso de las Farc, que no tienen que pagar pues deben tener WiFi en sus casas, la conexión es igual de mala. De modo que la paciencia se va agotando, el impulso a recibir información acaba cediendo por cansancio y, entonces, se da paso a la cómoda posición de contentarse con la información de la cadena venezolana Telesur, que minuto a minuto transmite la televisión cubana, y que es la única fuente permanente de información televisada. De esa manera, la realidad comienza a verse con los ojos de Maduro lo cual, en el caso de las Farc y de los temas relacionados con el proceso de paz que sucede en La Habana, es extremadamente grave, porque el canal informativo de Maduro les dice exactamente lo que ellos quieren oír y les oculta o les maquilla lo que no desean escuchar. Entonces no se enteran o no les dan importancia, por ejemplo, a las concurridas marchas que hace una semana hubo en el país para protestar contra el gobierno y, por supuesto, contra ese proceso de paz en el que no parece pasar nada; no oyen el hastío de la gente con su lentitud para decidir dejar las armas; y menos entienden la imperiosa necesidad política de apurar el proceso porque, como si fuera poco, a su falta de información se suma el confort que disfrutan al vivir en casas de protocolo, con desayuno, almuerzo y comida de calidad garantizados, tranquilos, con posibilidades de ir a la playa y hasta de asistir al concierto de los Rolling Stones.Y a esa situación de vida-de-burbuja se agrega su evidente desinterés en escuchar a los que no sean sus áulicos y su temor a dar el paso hacia el desarme y el comienzo de la vida civil. Y no obstante que ya tomaron la decisión de hacerlo, es comprensible y lógico que tengan miedo, máxime si aún no ha cesado la acción de grupos paramilitares.Pero deben tener claro que la paciencia de Colombia se agotó y que la gente no parece estar dispuesta a esperar mucho más tiempo a que las Farc decidan lanzarse al agua y saltar hacia la paz.www.patricialarasalive.com

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