¡Odiar no les luce, señores!

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Sí, expresidente Uribe, a usted no le luce odiar; ni le queda bien exhibir ese rencor que le brota por los poros; ni le sienta a su condición de líder esa envidia que no lo desampara, a juzgar por los twitter llenos de maledicencia que usted dispara a cada instante, con el propósito de acribillar “la paz de Santos,” como la llaman sus áulicos, porque su ego desbocado no le permite aceptar que se consolide una paz distinta a “la paz de Uribe”, como si tuviera la más leve importancia que sea la paz de Fulano o de Mengano la que funcione, cuando lo que cuenta es que después de haber vivido 70 años de violencia, en este país haya paz, ¡por fin!¿O es que usted cree que a una madre le afecta más que su hijo muera de un tiro disparado por las Farc, o por los militares, o por los paramilitares, o por algún soldado desquiciado que busca ganarse un reconocimiento con un falso positivo? No, doctor Uribe, una madre lo que anhela es que a su hijo no lo maten. Y punto.¿Y sabe una cosa? A base de tanto odiar, usted va a quedarse cada vez más solo, senador Uribe: ya no podrá ampararse en los Estados Unidos, porque el presidente Obama y los altos funcionarios de ese país, apoyan esta paz. Ya no podrá refugiarse en la Corte Penal Internacional, porque ella acepta el acuerdo que sobre justicia transicional hubo entre el gobierno y las Farc. Tampoco podrá ya ampararse en la Iglesia, porque el papa Francisco es uno de los principales promotores de esta paz. Y menos aún podrá rogarle a Dios que se instaure “la paz perfecta” que usted pide, porque de una parte esa paz no existe y, de otra, Dios también es partidario de esta paz.A usted, doctor Uribe, sólo le queda el Diablo de consuelo. Únicamente a él puede pedirle que lo ayude a atravesarse todavía más como mula muerta en el camino que en Colombia conduce a la paz.Ya sólo Satanás lo escucha, honorable Senador.¿Y usted, Procurador? ¿Usted que vive blandiendo su espada para que rija la más “inquebrantable justicia” y se la pasa “defendiendo” la doctrina de la Santa Madre Iglesia y, amparado en ella, ataca el derecho de los homosexuales a casarse y condena a la hoguera a las mujeres que por alguna razón deciden abortar; usted que se ha opuesto tanto a estos acuerdos de paz, ¿qué va a decir sobre ellos ahora que el papa Francisco los apoya? ¿A cuál Iglesia va a acudir? ¿A qué religión va a ingresar?Sí, definitivamente, ni a usted, procurador Ordóñez; ni a usted, senador Uribe, les queda bien desempeñar el papel de Casandras de la paz.Sería mejor que destaparan su juego, que confesaran sus propósitos recónditos y que dijeran: “Nos mueve ante todo la líbido del poder; queremos reinar por los siglos de los siglos; no nos importa si, para lograrlo, estimulamos el odio en el corazón de los colombianos; sembramos la división en el país; nos aprovechamos del dolor de la gente y nos erigimos en defensores de su “derecho a que se haga justicia”, sin que nos importe que la exageración de ese principio conduzca a otro medio siglo de violencia.Sí, ¡odiar no les luce, señores!Y tampoco les luce a los colombianos que los siguen. Odiar les envenena el alma, los enferma. A los que odian les vendría bien que un día ensayaran a hacer el esfuerzo de levantarse con el propósito de no odiar, sólo por ese día.Entonces empezarían a sentirse livianos, liberados de su propia prisión y descubrirían, así, qué significa felicidad.

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