Obama Modelo II

Noviembre 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

“En nuestros corazones sabemos que, para los Estados Unidos de América, lo mejor está por venir”, dijo el presidente Barack Obama en la madrugada del pasado miércoles 7 de noviembre, cuando acababa de confirmarse su reelección.¡Ojalá sea cierto!Ojalá, ahora sí, Obama se convierta en Obama y no ceda a las presiones de la derecha extrema ni intente, como lo hizo durante su primer gobierno, conciliar lo inconciliable, ni mantenerlos satisfechos a todos.Así lo esperamos los democrátas del mundo, aquellos que hace cuatro años celebramos, con lágrimas en los ojos, la elección del primer Presidente negro en la historia de Estados Unidos, uno de los países más grandes y más racistas del planeta; aquellos que en esa madrugada bailamos de la mano de los afrodescendientes en las calles de Harlem; aquellos que, emocionados, coreamos con los negros, en ese legendario barrio marginado del noroeste de Manhattan, “¡Yes, we can!”, “¡Oh yes, we did!”.Así lo queremos quienes escuchamos las promesas de Obama y creemos, como él, que la salud y la educación gratuitas son un derecho de todos, y que las oportunidades de desarrollo y crecimiento personal deben ser idénticas para todos los seres humanos.Así lo deseamos la mayoría de los latinoamericanos que soñamos con ver cumplida una de las primeras promesas hechas por Obama: la de eliminar la inhumana cárcel de Guantánamo.Así lo anhelamos quienes no nos resignamos a que todavía, a estas alturas de la historia, Cuba continúe bloqueada económicamente, con lo que se agudizan las dificultades de ese pueblo encantador, y se perpetúa la comodidad de los burócratas del socialismo cubano, quienes encuentran en el bloqueo del Tío Sam la mejor disculpa para justificar su ineficiencia y hacerse perdonar su fracaso.Así lo sueñan los millones de inmigrantes y de hispanos que acaban de darle el triunfo a Barack Obama y quienes, en ese país de inmigrantes, tienen que vivir a hurtadillas y padecer a diario la persecusión y la discriminación.Así lo anhelan las llamadas minorías que habitan los Estados Unidos, conformadas principalmente por los negros y los hispanos quienes, por fortuna, en pocos años, se convertirán en la mayoría de ese gran país.Así lo exigimos los que creemos en lo dicho por el Presidente de Estados Unidos durante la madrugada memorable del pasado 7 de noviembre, a partir de la cual, y por cuatro años más, él podrá gobernar su país a sus anchas, siendo de verdad Barack Obama, ese descendiente de un inmigrante africano que fue criado por su madre blanca y creció herido por la ausencia de su padre, y quien ahora podrá mostrar su esencia y dejar aflorar su genuino Ser, porque no estará obligado a ceder a las pretensiones de la extrema derecha y de su tenebroso Tea Party, ya que no tendrá a la vista la posibilidad y la tentación de lanzarse a una nueva reelección.Sí, así lo esperamos, lo anhelamos y lo soñamos quienes esta madrugada del 7 de noviembre escuchamos a Obama decir:“Creo que podemos mantener la promesa de nuestra fundación, la idea de que si usted quiere trabajar duro, no importa quién sea, ni de dónde venga, ni qué apariencia tenga, ni a quién ame, ni si usted es negro o blanco; hispano, asiático o americano; joven o viejo; rico o pobre; capacitado o discapacitado; homosexual o heterosexual, si usted está dispuesto a intentarlo, usted puede lograrlo en América!”.¡Ojalá, así sea!

VER COMENTARIOS
Columnistas