¡No hay derecho!

Julio 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Lo único peor que esta despedida internacional de Uribe, sería que entregara el país en guerra con Venezuela.Es que así sean ciertas las pruebas que con tanta vehemencia presentó ante la OEA el embajador Luis Alfonso Hoyos, sobre la presencia en ese país de campamentos de las Farc y del ELN y de varios jefes de esos movimientos, ningún presidente, a quince días de dejar el poder, podía meterle a su sucesor la zancadilla que le puso Uribe a su supuesto pupilo, Juan Manuel Santos. A sabiendas de lo que sobrevendría, Uribe armó un escándalo mundial sobre un cuento archiconocido –el de la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela- para provocar a Chávez, de modo que rompiera relaciones con Colombia, justo en el instante en que parecía iniciarse una distensión entre el nuevo Presidente y el Mandatario venezolano, quien ya había dado señales de que asistiría a la posesión de Santos, no obstante que éste no es santo de su devoción, y en el momento en que la futura canciller, María Ángela Holguín -una hábil diplomática que fue embajadora de Colombia en Venezuela y sorteó con discreción, inteligencia y cortesía, difíciles situaciones que se presentaron entre los dos países-, acababa de declarar que su prioridad sería mejorar nuestras relaciones con los países latinoamericanos, en especial con Ecuador y, ante todo, con Venezuela.Hay quienes sostienen, como la senadora Piedad Córdoba, que con esa actitud Uribe le está solucionando un problema a su sucesor. Pero otros creemos que lo que ocurre es que Uribe está cada día más molesto con Santos porque no le consulta los nombramientos; porque ha nombrado como ministros a opositores de su gobierno, verbo y gracia, el nuevo de Agricultura, Juan Camilo Restrepo; porque se acercó al Partido Liberal y recibió el apoyo de su antiguo jefe, el ex presidente César Gaviria, su principal opositor; porque hasta se reunió con el candidato del Polo, Gustavo Petro, y se comprometió a acoger algunas se sus propuestas; en resumen, porque Santos no es su fotocopia ni su títere, como lo hubiera sido su ministrico Uribito, a quien por eso le brindó todo su apoyo para que fuera el candidato conservador que se le enfrentara al Presidente electo, lo cual, gracias a Dios, no ocurrió.Es que, a mi juicio, la razón recóndita de este nefasto episodio es que la soberbia no le permite a Uribe soportar que Santos logre tener con la Venezuela presidida por su enemigo, Hugo Chávez, relaciones respetuosas y constructivas que favorezcan el progreso de ambos países y le demuestren al mundo que, más que Chávez, el intratable es él.Santos ha dicho, con prudencia, que “sobre la relación con Venezuela, su mejor contribución es no pronunciarse, porque Álvaro Uribe es todavía presidente en funciones hasta el 7 de agosto”. Y Chávez, por su parte, ha dejado abierta la puerta a la normalización de las relaciones, una vez Santos sea investido presidente.Ojalá sea así y volvamos a ser buenos vecinos, antes de que a Chávez se le dé, por ejemplo, por inventarse cualquier incidente que haga estallar la guerra en la frontera, de modo que él pueda esgrimir un ‘motivo de seguridad nacional’ para suspender las cruciales elecciones parlamentarias de septiembre que, como iban las cosas, estaba a punto de perder.¡Sí, ojalá Uribe no sea el que le haga tan inmenso favor a su peor enemigo!

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