Mirándonos desde lejos

Octubre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Si estuviéramos a mediados del 2016 y usted fuera un europeo o un norteamericano que quisiera conocer América Latina y tuviera que elegir dónde gastar sus ahorros para pasar las vacaciones de fin de año con su familia, ¿qué destino hubiera elegido?¿México con sus pirámides, y sus artesanías de colores, y sus mariachis, y sus museos maravillosos, pero con una violencia generada por el narcotráfico y la delincuencia común que se siente en las calles todos los días?¿O Venezuela, con su gente alegre y cálida, y sus playas y mares preciosos, como esos de múltiples tonos de azul y verde que rodean el archipiélago de arena blanca de Los Roques, lleno de bandadas de pájaros inimaginables y atardeceres de ensueño, pero con un gobierno cada día más cuestionado y una inseguridad que hace que su vida peligre si anda con su celular por la calle?No. Tal vez hubiera elegido Chile, un país estable y de paisajes preciosos. O quizás Argentina. Pero a usted le interesaba aprovechar su descanso visitando lugares de distintos climas, que no tuvieran playas frías como esas del sur del Pacífico.Entonces lo más seguro es que hubiera escogido Colombia, un país que le ofrece todos los climas y paisajes, donde encuentra siempre desde nieves perpetuas y montañas en las que crece el café y la temperatura anda por los 22 grados, hasta playas de mares tibios y transparentes, y ciudades de gente acogedora como Cali y Barranquilla, de las cuales nunca quiere irse, y joyas como Cartagena, con su Corralito de Piedra rodeado de murallas y convertido en patrimonio de la humanidad.Pero, seguramente, además habría escogido Colombia por ser un país que se había convertido en un ejemplo para la humanidad, pues después de 52 años de conflicto armado, el gobierno y la insurgencia habían llegado a un acuerdo de paz que sería refrendado por el pueblo. Por eso, sin dudarlo, se acercó a su agencia de turismo y compró su paquete turístico para pasar tres semanas en Colombia y terminar y comenzar año recorriendo este país de contrastes y de gastronomía deliciosa.Pero resulta que el 3 de octubre se despertó con la noticia de que los colombianos habían rechazado los acuerdos y de que habían votado no a la paz, o por lo menos a esa que estaba a la vuelta de la esquina. Entonces se llevó las manos a la cabeza, habló con su mujer y sus hijos y decidió correr a su agencia de turismo a cancelar su plan y a pedir que se lo cambiaran por otro.Pues bien, ese pensamiento pasó por mi cabeza el viernes, cuando leí en la prensa que el Presidente insistía en que va a sacar adelante la paz pero no se sabe cómo; que ningún columnista daba una luz sobre nuestros caminos; que las Farc les cerraban la puerta en las narices a los negociadores del uribismo y decían que sólo negociarían con el gobierno; que el Presidente afirmaba que hay puntos irreconciliables con el uribismo; y que nuestro futuro es de sombras nada más.Entonces llamé a mi amigo Jean Claude Bessudo, Presidente de Aviatur, y le pregunté si había disminuido el turismo después del plebiscito.-Ha habido cancelaciones de grupos que venían de España-, me dijo.-¡Por supuesto!-, pensé.¡Y preparémosnos! Porque si el panorama de la paz no se arregla, el turismo y la inversión extranjera se irán a pique. Entonces pasaremos otros cien años de soledad, porque nadie querrá acercarse a este país de locos…Posdata de Bob Dylan: “¿Cuántas muertes harán falta para entender que ya han muerto demasiados”?www.patricialarasalive.com

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