¡Me da mucha pena!

¡Me da mucha pena!

Marzo 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Hoy plagio al presidente Juan Manuel Santos, quien solía terminar sus columnas en El Tiempo hace una década, y digo, también, que “me da mucha pena, pero” no tiene sentido el zaperoco que armaron Antanas Mockus y varios fundamentalistas del Partido Verde y de la prensa de opinión, a raíz del Twitter en que el ex presidente Uribe escribió: “Sen Juan Lozano, ex min Oscar Iván Zuluaga emprendan diálogo con Dr. Peñaloza”.Y ello es así por varias razones. La primera, porque al estampar en su impredecible Twitter ese apellido con z, Uribe bien pudo estar refiriéndose a Antonio Peñaloza, antiguo senador del Polo Democrático Alternativo por el departamento del Atlántico (!!!), y no a Enrique Peñalosa, candidato a la Alcaldía de Bogotá por el Partido Verde. Segundo, porque si el ex Presidente cometió un error de ortografía y de quien habló fue de este último, el hecho de que les ordene a sus alfiles que emprendan diálogos con Peñalosa, no significa que, de resultar elegido burgomaestre de la capital, él, un estudioso de los temas del desarrollo de las ciudades, le vaya a hipotecar a Uribe sus principios y sus concepciones sobre lo que cree que debe ser el futuro de la capital en lo que a la movilidad, erradicación del maltrato a los niños, bienestar infantil, educación, seguridad y recuperación del espacio público se refiere. (De hecho, alguna vez Peñalosa me confesó que él no había aceptado ni aceptaría jamás ser ministro de Uribe, pues no quería tenerlo como jefe, ¡y eso ya muestra su sensatez!).Y, tercero, porque las encuestas reflejan que Peñalosa es débil en los estratos dos y tres de Bogotá, que son la clave para lograr su elección y, justamente, es en ellos donde el ex presidente Uribe es muy fuerte. De modo que le queda más fácil ganar la Alcaldía, si las clases populares de la capital saben que él cuenta con el apoyo del ex Presidente. Y están equivocados también los que piensan que, por haber elegido Bogotá a dos alcaldes consecutivos del Polo, la mayoría de los bogotanos es antiuribista. Eso no es así: Bogotá era luchista y uribista al mismo tiempo, como también, hace casi tres años, fue samuelista y uribista, y como son navarristas y uribistas las comunidades indígenas del departamento de Nariño, que hace un tiempo visité, en compañía de la escritora Laura Restrepo, por invitación del gobernador Antonio Navarro.La política es el arte de sumar para obtener el poder y para sostenerse en él. Y ojalá los que gobiernan lo hagan en bien de la mayoría. En política, de nada sirve perder siempre, -¡siempre!-, enarbolando banderas irrealizables porque quienes las pregonan carecen del poder necesario para aplicarlas. Un buen ejemplo de lo anterior es el presidente Juan Manuel Santos: si bien él estuvo de acuerdo con la política de seguridad democrática de Uribe, y como su Ministro de Defensa la aplicó hasta sus últimas consecuencias, es evidente que muchas cosas -concepciones políticas y sociales, estilo de gobierno y forma de resolver los conflictos- lo diferenciaban de su jefe. Sin embargo, tuvo la sagacidad de entender que necesitaba de su apoyo para ganar, y la sabiduría para distanciarse de las personas y de las prácticas uribistas con las cuales él no comulgaba. Y ahí está gobernando, como cantaría Frank Sinatra, a su manera. Y ahora, aún quienes no apoyamos su elección, ¡hoy creemos que lo está haciendo bien!

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