Mandela, ¡ruega por nosotros!

Mandela, ¡ruega por nosotros!

Diciembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Durante sus 27 años en prisión, acusado de ser el peor terrorista del mundo y condenado a cadena perpetua por alzarse en armas contra el régimen de segregación racial de su país, ¡qué iba a imaginar Nelson Mandela, o Maliba como lo apodaban por cariño los suyos, que este 5 de diciembre, cuando el Presidente negro de Suráfrica, Jacob Zuma, anunciara su muerte y dijera, con voz entrecortada, “hemos perdido al más grande de nuestros hijos”, el mundo entero, encabezado por sus principales jefes de estado, le rendiría homenaje y pondría su vida y su lucha por la igualdad de derechos de todos los seres humanos, como ejemplo para la humanidad!En el caso de esta Colombia que recorre un sendero hacia la paz, lleno de escollos y de zancadillas, sí que son importantes las enseñanzas de Mandela:Lo son para los que consideran una amenaza que los guerrilleros se reincorporen a la vida civil. Sin embargo, para su tranquilidad, no es sino que piensen en el Nelson Mandela, antes alzado en armas, y hoy convertido en paradiga de la humanidad… Y en el Presidente Mujica de Uruguay, ahora admirado por su sencillez, su dignidad y su brillantez, y antes condenado a 17 años de cárcel, acusado de rebelión por pertenecer al Movimiento Tupamaro, quizás el más temido de esa América Latina que en los años 60’s y 70’s expandió la lucha armada para rebelarse contra las dictaduras... Y pensemos en los colombianos, Antonio Navarro, elegido en un concurso convocado por la clase dirigente como el mejor alcalde del país, y León Valencia, uno de los columnistas más brillantes del momento. Y consideremos lo que significaron para nuestros derechos las reformas aprobadas en la Constituyente del 91, de la cual salió un verdadero pacto de paz, que no fue completo porque en ella no participaron las Farc ni el ELN. Y, finalmente, pensemos en lo que podría ser esta Colombia nueva, sin guerra, surgida de un acuerdo de paz que los incluyera a todos, y a partir del cual se democratizaran más el campo y la política, se solucionara el problema de los cultivos ilícitos, se reconciliaran las víctimas con los victimarios, se les abriera la puerta, -sin rencores-, a nuevos actores en la vida civil, y se destinara gran parte de los recursos que hoy se gastan en guerra a expandir la educación, a estimular la investigación científica y a erradicar la pobreza.¡“Soñar no cuesta nada”!, me dirán muchos de mis lectores. Pero si en Suráfrica se logró el milagro, ¿por qué aquí no?Sin embargo, las principales enseñanzas de Mandela deben recibirlas los insurgentes: su lenguaje fue el de la inclusión, el de la conciliación, el opuesto al de la ley del Talión… Él no permitió que los negros triunfantes discriminaran a los blancos, no obstante que aquellos, heridos por su pasado humillante, clamaban venganza. Mandela fue el hombre de los consensos y de la reconciliación con sus enemigos. Y hasta llegó a amarlos... Y ellos acabaron amándolo a él…Por todo lo anterior, el Presidente Zuma, al despedirlo, dijo que “lo que hizo grande a Nelson Mandela fue precisamente lo que lo hizo humano. Vimos en él lo que buscamos en nosotros”, concluyó.Por ello, hoy, pedimos paz en su tumba, y que su espíritu, querido Madiba, ilumine a esta Colombia en guerra para que, por fin, aprenda a vivir y a amar la paz…

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