Lo que no se observó

Noviembre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Como sucede a menudo con los reportes de prensa, de los eventos se destaca lo más escandaloso y lo menos importante. Por ello, vale la pena mirar otras cosas que dijo el presidente Santos en el discurso que pronunció en Washington para agradecer el premio Liderazgo para las Américas, que le otorgó el Diálogo Interamericano, uno de los principales centros de pensamiento en esa ciudad. -Cuando se perdió el plebiscito entré en shock, nunca creí que íbamos a perder,- dijo- Pero pensé: esto puede ser una bendición. El país está dividido en dos, y si el plebiscito se hubiera ganado por un pequeño margen, el país se habría incendiado- agregó. Y situándose por encima de los resentimientos personales, afirmó que entonces había iniciado “un ejercicio para tener en cuenta cada una de las preocupaciones, de manera que se obtuviera un mejor acuerdo”. Y reveló que a las Farc se les había dicho que tenían que “entender que habían perdido”. Insistió en que el nuevo era un acuerdo mejor, pues tenía un mayor apoyo, y que tratar de poner a un lado la polarización y comenzar ese diálogo, fue elegir el camino correcto porque, por ejemplo, la Iglesia, que antes se había mostrado imparcial, manifestó que lo apoyaba, como lo hicieron la mayoría de los evangélicos, y los militares y empresarios que estaban preocupados.Y el Presidente dijo otras cosas: “Estoy decidido a presentarle este acuerdo al Congreso y a implementarlo cuanto antes”. “Es mucho más fácil hacer la guerra que la paz. Pero hacer la paz es lo correcto”. “En lugar de seguir matándonos, dialoguemos”. “Le entregaré a mi sucesor un país en paz”.Santos improvisó en inglés. El selecto auditorio estaba encabezado, entre otros, por Michael Shifter, Presidente del Diálogo Interamericano; por el exdirector del BID, Enrique Iglesias; y por el expresidente mexicano, Ernesto Zedillo, quien calificó al nuevo premio Nobel de Paz como “uno de los líderes más importantes en la historia de América Latina,” y quien leyó una carta enviada por ‘Los Decanos’, (organización creada por Nelson Mandela), en la que le dicen que, “al perseverar en la consecución de un acuerdo de paz, se ha ganado un puesto en la historia”. Al escuchar esas palabras tan elogiosas sobre el Presidente colombiano, y al ver a ese distinguido auditorio ovacionarlo de pie cuando terminó su discurso, me pregunté: ¿cómo es posible que alguien tan reconocido en el mundo por su empeño en conseguir la paz, un propósito al que nadie sensato puede oponerse ni inventarle obstáculos, tenga tan poco reconocimiento nacional? Al primero que culpé fue al expresidente Uribe, por su empeño en desprestigiar a Santos y en atravesarse ante cualquier iniciativa suya. (Como decía el expresidente Carlos Lleras, “a ningún Presidente le gusta su antecesor ni su sucesor”). A la segunda que le atribuí su desprestigio fue a la moda de la gente de informarse por las redes sociales y de creer cualquier meme o mentira que les llegue a los teléfonos celulares. A los terceros que culpé fue a algunos periodistas de TV y radio que, confundidos, inconscientemente acabaron usando la campaña del plebiscito para esparcir e incrementar el odio y la insolidaridad. Y, por último, concluí que la culpa principal de su baja popularidad la tiene nuestra adicción a la violencia. Está comprobado que la violencia crea adicción. Y cualquiera que se empeñe en librar al adicto de su vicio, como Santos ha hecho con Colombia, es malquerido. www.patricialarasalive.com#TenemosAcuerdo

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