La paz agoniza

La paz agoniza

Abril 22, 2018 - 06:30 a.m. Por: Patricia Lara

“En atención a la situación y mientras se tienen mayores claridades y certezas sobre lo que sigue, he tomado la decisión de instalarme temporalmente en el espacio territorial de Miravalle y desde aquí seguir cubriendo mis compromisos con la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo de Paz (CSIVI)”, dice Iván Márquez en la carta en la que le notifica a la Unidad Nacional de Protección que, por ahora, ha tomado la decisión de regresar a la selva, y le solicita que traslade su equipo de seguridad hasta ese Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación.

"Esta determinación”, agrega, “no implica desistimiento a las medidas de protección proporcionadas por ustedes, sino su adecuación a las nuevas circunstancias”.

Y las nuevas circunstancias, para los buenos entendedores, no son otras que la posibilidad de que el proceso de paz acabe de volverse trizas, bien porque se muere Santrich en su huelga de hambre y, como reacción, se enardecen los desmovilizados y muchos se levantan de nuevo en armas; o porque le dictan orden de captura a Iván Márquez quien, ante su antigua tropa, apareció en las cámaras del noticiero CM& diciendo que Santrich le había advertido que después irían por él ya que con su captura lo que se buscaba era empezar a inhabilitar a los parlamentarios de las Farc y dejarlas sin representación en el Congreso; o bien porque el gobierno no desarrolla una acción muy rápida para poner a marchar ya los proyectos productivos y el 30 de Junio, cuando cese la ayuda estatal a los desmovilizados, estos aún no tengan trabajo ni camino en la vida; o bien porque se elija presidente a Iván Duque y, antes de que los haga poner presos, como ha dado a entender que lo hará, muchos de los excombatientes, con Iván Márquez a la cabeza, -quien dada la enfermedad de ‘Timochenko’, en la práctica, es el líder principal-, decidan internarse de nuevo en la selva…

¿Y después qué seguiría? La guerra… Otra vez… Pero esta sería mucho peor que la anterior, mucho más sangrienta y confusa, porque tenemos la desgracia de que a este país llegó hace un tiempo el tenebroso cartel mexicano de Sinaloa el cual, como lo hemos sentido, ya ha empezado a operar y a intensificar la violencia y la guerra del narcotráfico en los territorios donde abundan los cultivos ilícitos. Y si a esa guerra ciento por ciento delincuencial, se le agrega el componente político de una nueva guerrilla en acción, formada por los excombatientes de las FARC, quienes dirían, con razón, que les incumplieron los acuerdos y que, por eso, volvieron a la lucha, la situación se tornarían inmanejable para Santos, para Duque, para Vargas, para cualquiera, entre otras razones porque esa guerrilla contaría con cierta comprensión internacional, dado que la ONU y los países cercanos al proceso están muy preocupados por el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno. No de otra manera se explica que en el último comunicado de los países garantes, se haya instado sólo al gobierno -y ya no a éste y a las FARC-, a que cumpla lo pactado.

Se requiere que el Presidente se crezca y le dé un viraje a la situación: que reemplace ya a Rafael Pardo por un gran empresario que ponga a marchar de inmediato los proyectos y garantice el empleo de los desmovilizados; que logre, como sea, que la Justicia Especial para la Paz evalúe las supuestas pruebas de la DEA contra Santrich; que acelere el proceso y que, si la JEP considera que las ‘pruebas’ no son contundentes, en su potestad, el Presidente decida no extraditarlo.

Pero para tomar semejantes decisiones se requieren… cojones...

Sigue en Twitter @patricialarasa

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