La hora de la verdad 0

Agosto 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

#Símelajuego“Nada está acordado hasta que todo esté acordado”, insistió el presidente Santos durante los casi cuatro años de negociación con las Farc.Pero el miércoles anunció: hoy “todo está acordado”. Y en un discurso contundente reveló que las partes en guerra habían alcanzado el acuerdo final.Es así como Santos, estratega impertérrito e imprevisible, maestro del póker, formado en la Universidad de Harvard por el gurú mundial en negociación, se la jugó toda por la paz y, en ese difícil y largo partido terminado el 24 de Agosto, ganó la última mano con un póker de ases: el acuerdo sobre el fin del conflicto.Entonces, como Comandante de las Fuerzas Armadas, les ordenó a sus tropas que, a partir de mañana, a las cero horas, silencien sus fusiles para darle paso al cese del fuego bilateral y definitivo con las Farc.Sin embargo, aún falta la batalla final, esa que se librará el 2 de Octubre, cuando Colombia definirá si opta por la paz o si prefiere seguir sumergida en ese infierno dantesco de la guerra, quién sabe por cuántos años más. Eso sí, serían tantos, que quienes nacimos durante La Violencia entre liberales y conservadores, y crecimos mientras el Estado libraba otra guerra contra estas nuevas guerrillas, no tendríamos la más leve probabilidad de morir después de saborear lo que es vivir en paz en esta querida tierra.Por eso es tan importante votar el plebiscito luego de leer aquí (https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf) las 297 páginas de los acuerdos.Es que lo que va a decidirse ahora es fundamental para nuestras vidas y las de nuestros descendientes. No hay más alternativa que aprobar los acuerdos y empezar a construir la paz, o negarlos y quedarnos anclados en esta maldita guerra… Ahora no vamos a votar por Santos ni por Uribe. Vamos a determinar nuestro porvenir. No se dejen engañar, queridos lectores: no hay más opciones: ya la Corte definió que si gana el no, el Presidente tiene que terminar el proceso de paz, lo cual significaría que, de inmediato, los jefes de la guerrilla regresarían a dirigir sus tropas en el monte, a desempolvar sus fusiles -pues es bien sabido que guerrilla que no combate se acaba-, a pelear y a vivir del delito –narcotráfico, secuestros, minería ilegal- porque probablemente carezcan de acciones en la bolsa de Bogotá. Además, aun si la Corte hubiera facultado al Presidente para reabrir el proceso de paz en caso de que triunfara el No, Santos habría perdido su capacidad de maniobra política para hacerlo.De modo que, o aprobamos estos acuerdos, tal como están, o nos atascamos en el estiercol de la guerra, una guerra entre hermanos que nos ha dejado ocho millones de víctimas y nos ha convertido en el país campeón en número de desplazados. (¡Tenemos más que Siria! ¡Qué horror!)Hoy la definición de nuestro futuro está en nuestras manos: ya salió de las del Presidente. Si gana el sí a los acuerdos de La Habana, Colombia empezaría a ser un país normal y próspero. (Así que no se preocupe, querido Diego Martínez Lloreda si, para lograrlo, durante dos períodos, se les regalan a las Farc unas curules. Con eso sólo estaríamos construyendo el país que añoraba el Maestro Darío Echandía, donde se pudiera salir a pescar de noche y echáramos lengua en vez de bala).Sería muy triste que, después de acumular 500.000 muertos en el último medio siglo, los colombianos abortáramos la paz a punto de nacer.Los invito a votar SÍ en el plebiscito.Sobre todo después de haber fracasado con estos sesenta años de guerra.www.patricialarasalive.com

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