La cuadratura del círculo

La cuadratura del círculo

Agosto 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Que se le quiera aplicar la normalidad jurídica a una situación absolutamente anormal, es decir, que se pretenda hacer caber un camello por el ojo de una aguja, como diría el Evangelio, es lo que tiene atascado el proceso de paz.El Presidente ha dicho que la paz no puede ir acompañada de impunidad. Esto es, que sin que los guerrilleros hayan sido encarcelados ni derrotados en la guerra, debe haber paz pero, eso sí, sin indultos ni amnistías; y debe haber investigaciones, juicios, condenas y penas privativas de la libertad pero, eso sí, sin que los condenados vayan a la cárcel ni usen pijamas a rayas.Y para lograr volver cuadrado el círculo, van a La Habana expertos en normalidad jurídica del Gobierno y de las Farc. Y se reúnen y conversan y tratan de hallarle normas a la anomía total.Pero nada de eso ofrece mayores esperanzas de que pueda sacarse del estancamiento el proceso de paz. En cambio el espaldarazo que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Leonidas Bustos, acaba de darle al proceso, sí significa una luz al final del túnel: “las formas jurídicas no pueden ser obstáculo para la definición soberana del destino de la nación”, afirmó ante el Congreso Anual de la Rama Judicial. La justicia cree en la paz y “lo acompaña” en la negociación con las Farc, le dijo Bustos al Presidente. Y agregó: “el derecho ha de servir al fin máximo de conseguir y mantener la convivencia pacífica del país”.Pero, además, -digo yo-, el derecho debe ser práctico: si se les aplicara a todos la justicia transicional, ¿de cuántos procesos para juzgar y cuántos crímenes estaríamos hablando? Se calcula que si hay siete millones de víctimas debe haber unos diez millones de victimarios a lo largo de esta guerra. ¿Cómo podría aplicarse a todos esos casos la justicia transicional?Cuando hace un año se reunió en Cali, ese encuentro al que asistieron cerca de mil quinientas víctimas de todos los sectores, y fue tan evidente que todas querían que su historia quedara consignada en alguna parte, hice este cálculo: habría que publicar unos veinte mil volúmenes de cerca de 350 páginas cada uno para que, si se le da una página a cada víctima, quepan todas las historias. ¿Se imaginan si ese cálculo se transfiere a la justicia y, cada caso, se convierte en un proceso con juez, expediente, cargos, descargos, veredicto y condena? La situación se vuelve inmanejable.De modo que, con perdón del Presidente, de los juristas, y de la Corte Penal Internacional, la única alternativa para salir del atolladero jurídico es que retomemos las palabras del Presidente de la Corte (“el derecho ha de servir al fin máximo de conseguir y mantener la convivencia pacífica del país”), y hagamos un gran pacto mediante el cual nos demos cuenta de que en Colombia, de un lado y de otro, se han cometido crímenes horrendos (desde la masacre de los diputados del Valle hasta la de Mapiripán, pasando por todas las masacres; desde el secuestro y encadenamiento durante años de los políticos, soldados y policías, hasta el asesinato de Jaime Garzón; desde los muertos por los cilindros-bomba hasta las víctimas de los falsos positivos); y nos convenzamos de que “hemos pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”, para después mirarnos a los ojos, pedirnos perdón, garantizarnos que este infierno jamás volveremos a crearlo, y tomar juntos la decisión de seguir caminando mirando hacia adelante.Todo lo demás, por impráctico, es inviable.

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