¿Guerra entre uribistas?

¿Guerra entre uribistas?

Junio 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Luego del triunfo de Santos, que no significa tanto una victoria suya como de la mayoría que clama porque se llegue a la paz con la insurgencia, algunos columnistas hablan de que también debe hacerse la paz con el uribismo.Ojalá ella fuera posible y, así, dejáramos de escuchar ese lenguaje polarizante, maniqueo e incitador a la violencia que tanto daño le hace a la siquis de los colombianos.Pero ese apaciguamiento no parece factible. O, por lo menos, no se vislumbra que él pueda darse con todo el uribismo, porque su inspirador y gran jefe, el ex presidente Uribe, padece un estado de ira e intenso dolor in crescendo que lo vuelve imposible.En cambio, dados los temperamentos de los protagonistas, lo que sí es factible es que el desarme de los espíritus vaya progresando entre el presidente Santos y su antiguo rival, Óscar Iván Zuluaga, ahora director del partido uribista y que, por el contrario, se incube un malestar entre Zuluaga, que ahora tiene a su favor haber obtenido cerca de siete millones de votos, y fue decente al felicitar a Santos por su triunfo, al reconocerlo y al decir que en su “corazón no quedan odios ni rencores”, y el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe, quien seguro se las ingeniará para recordarle a Zuluaga que esos votos no son suyos sino que él se los prestó, lo cual es cierto y, en su guerra a muerte contra el Presidente, no cesará de vociferar contra él -su ministro de Defensa estrella-, de calumniarlo, de desconocer su triunfo y de decir que los novecientos mil votos de ventaja que él obtuvo son producto del fraude, lo cual fue desvirtuado de inmediato por la OEA, organismo que sirvió de garante en las elecciones por voluntad de las partes.Así, se vuelve evidente que entre Zuluaga y Uribe hay diferencias de temperamento que pueden evolucionar de tres maneras: o se profundiza la discrepancia de estilos, Uribe empieza a ver a Zuluaga como traidor, lo vuelve su “enemigo” y estalla la guerra entre ellos. O Zuluaga se desdibuja como dirigente y adquiere la condición de títere. O se retira.Y lo otro que puede pasar es que Uribe pierda credibilidad entre su misma gente (su escandalosa denuncia sobre el supuesto ingreso a la campaña de Santos en el 2010, de dos millones de dólares provenientes del narcotráfico, no pudo sustentarla; lo mismo ocurrirá con la denuncia de fraude electoral que insistió en poner ante la Procuraduría; e igual seguirá pasando con las calumnias contra Santos y contra tanta otra gente que profiere en las decenas de twitters que envía cada día).Entonces también es probable que la gente comience a ver al expresidente como a un loco al que no se le paran bolas, y que él se retire del Senado porque se le haga imposible soportar que allí lo traten como a uno más, que sólo reciba venias de los otros diecinueve senadores de su bancada y de unos diez conservadores uribistas, y que los setenta senadores restantes lo ignoren o lo ataquen sin misericordia, pues desde los primeros días de Congreso, Uribe se verá sometido a enfrentar los más encendidos y documentados debates de parte del senador del Polo Democrático, Iván Cepeda, a cuya voz se unirán, más temprano que tarde, la exaltada militante del Partido Verde, Claudia López, el analítico ex guerrillero Antonio Navarro y el fogoso liberal Horacio Serpa quien, con su vibrato, su oratoria y su famoso “mamola”, le parará el macho al senador Uribe.Entonces (dinos, Gabito, desde donde quiera que estés), ¿qué hará el Patriarca?

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