¡Gracias a todos!

Mayo 29, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

El miércoles, Colombia amaneció más justa, amable, respetuosa de los derechos humanos, más respetada por la comunidad internacional… Sí, desde el miércoles, como si hubiera obrado un milagro, con la aprobación final de la Ley de Víctimas y de Tierras, somos un país más digno y humano… Por lo menos en la letra... Esperemos que también lo logremos ser en la práctica. ¡Ese es el reto!Sin embargo, este ha sido un gran comienzo y un triunfo del presidente Santos, que muchos considerábamos imposible, dada la oposición de la derecha a que se repare a todas las víctimas por igual. Pero en cuanto se posesionó, él empezó a trabajar sin pausa en su empeño; presentó en persona el proyecto de ley ante el Congreso, -con el fin de subrayar su importancia-, y dijo: “Si sólo hacemos esto, ¡habrá valido la pena para mi ser Presidente!”.Y a pesar de que la ley únicamente contempla una indemnización máxima de 40 millones de pesos por víctima, según Santos, “va a cambiar en muchos aspectos la historia del país”. Y va a ser así, porque ahora el Estado reconoce que existe un conflicto armado, lo que significa que se acoge al Derecho Internacional Humanitario; que las víctimas serán reconocidas y reparadas, no importa que el agresor haya sido guerrillero, paramilitar o miembro de las Fuerzas Armadas; que serán indemnizadas mediante procedimientos que no durarán más de 4 meses; que se favorecerá a las víctimas de 1985 en adelante, es decir, que se incluirá a la mayoría de las del genocidio contra la Unión Patriótica; que se les restituirán las tierras a los despojados de ellas a partir de 1991; que se creará el Centro de Memoria Histórica, tal vez para que esos horrores no se repitan; que se confiará más en las víctimas que en los victimarios, pues al restituir las tierras se invertirá la carga de la prueba y serán sus poseedores, y no los despojados de ellas, quienes tendrán que demostrar su propiedad; que sin embargo habrá segunda instancia ante la Corte para evitar demandas tramposas y se castigará el uso de la fuerza para la obtención de predios; en fin, que dejaremos de habitar en el reino de los victimarios y empezaremos a vivir en una patria amable, que reconoce sus errores, los repara y respeta a los cuatro millones de víctimas que, a partir de 1985, ha dejado este conflicto.Pero en este regalo de dignidad también tienen su grano de arena el senador Juan Fernando Cristo, quien por convicción y por ser hijo de un dirigente asesinado por la guerrilla, libró todas las batallas para lograr que se repare a las víctimas; y Germán Vargas Lleras, ministro del Interior, sobreviviente de dos atentados, víctima de la guerrilla y, según serios indicios, de miembros de organismos de seguridad, que hizo un trabajo inteligente y discreto en favor de la ley; y el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, quien por convicción política está corriendo todos los riesgos para devolverles la tierra a los campesinos despojados de ella; y el presidente del Senado, Armando Benedetti, que con habilidad logró la aprobación de la ley; y el senador Iván Cepeda, hijo de un dirigente comunista asesinado por agentes del Estado, que trabajó siempre en favor de las víctimas y a base de organizar manifestaciones y de hablar en voz alta, acompañado por los demás miembros de esas organizaciones, sembró la semilla para despertar nuestra conciencia y ambientar el milagro…¡Gracias, pues, presidente Santos, senadores, ministros y organizaciones de víctimas! ¡Gracias por hacer de Colombia un país distinto!

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