Furor Mandela

Furor Mandela

Febrero 10, 2017 - 02:21 p.m. Por: Patricia Lara

Cuando en Suráfrica se inicia el Mundial de Fútbol 2010, la prensa francesa le dedica sus principales espacios a rendirle homenaje al Premio Nobel de Paz, Nelson Mandela, a quien se le debe la celebración de este Mundial en ese país, y a cuya inauguración llena de color y de historia él no pudo asistir porque se lo impidió la tragedia de la muerte de su bisnieta en un accidente ocurrido a la salida del gran concierto de apertura cerrado por Shakira. Sin embargo, su espíritu presidió toda la ceremonia: Madiba, como lo llaman cariñosamente, le entregó su vida a la lucha contra el apartheid, régimen de segregación impuesto por los blancos, un sistema atroz en virtud del cual se cometieron contra los negros no sólo los peores crímenes y masacres, sino que a cada instante ellos fueron obligados a soportar en silencio todas las humillaciones: que les impidieran estar en los mismos lugares que a aquellos, estudiar en sus escuelas, montarse en sus buses, recibir en los hospitales similares cuidados, o casarse con ellos. A los negros, incluso, hasta les vendían los sobrados podridos de la carne…Él ha cambiado la historia, es el titular que ilustra la gran foto de portada de Nelson Mandela en Le Nouvel Observateur, en edición acompañada por un DVD que incluye un documental sobre su vida y entrevistas con sus amigos, el obispo Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz, y Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura; la radio y la televisión no han hecho más que rendirle homenaje; y Courrier International, con su foto en portada y un titular que dice Mandela, un héroe de nuestro tiempo, le dedica una edición entera a hablar de Madiba, un abogado que siendo militante del Congreso Nacional Africano, ANC, ingresó en la clandestinidad y se levantó en armas contra el régimen atroz de su país. Capturado en 1963, acusado de participar en un complot armado para derrocar el gobierno, Mandela duró preso 27 años, 21 en Robben Island y 6 incomunicado en la prisión de alta seguridad de Polismoor, en el Cabo. Mantuvo siempre una fortaleza de principios y de espíritu tales, que se convirtió en el preso político más famoso y más querido del planeta. Por ello, la presión de los artistas y de los líderes del mundo en favor de su liberación, llegó hasta el punto de que Frederik De Klerk, presidente blanco de Suráfrica, no tuvo más alternativa que dejarlo en libertad. En agosto de 1990, seis meses después de que fuera decretada su liberación, el ANC renunció a la lucha armada, y Mandela asumió la presidencia de ese partido, y emprendió negociaciones con De Klerk, que condujeron, en el año siguiente, a la abolición del apartheid, la convocatoria, en 1992, de una asamblea constituyente y la celebración, en 1994, de las primeras elecciones libres de Suráfrica, en las cuales Mandela fue elegido Presidente con el 62% de los votos.Entonces vino quizá la etapa más difícil: la de enseñarles a los suyos a perdonar y a convivir en armonía con aquellos que tanto dolor les habían provocado. Le fue muy complicado a Mandela lograr que su gente enterrara el deseo de venganza y entendiera que él repartiera el gobierno con sus enemigos. Pero él les mostró que el perdón es posible. Y a sus enemigos les tocó el corazón y les despertó respeto y admiración por su figura y su lucha. A pesar de los enormes problemas que aún hay en su país, por esa sola razón, su vida, que ya, a los 92 años, está a punto de apagarse, está llena de sentido.

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