Este Papa que monta en metro…

Marzo 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Que el nuevo Papa, -hasta el martes Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires-, hable español como porteño; sea hincha del San Lorenzo, equipo de futbol de la Comuna 7 de Buenos Aires; ame el tango; no tenga pelos en la lengua para enfrentarse a los poderes en defensa de los necesitados, como lo hizo con los Kirchner al criticar la desigualdad y la pobreza en Argentina; que a pesar de acusársele de cercanía con la dictadura de Videla haya visitado en la cárcel a presos políticos tan radicales como Enrique Gorriarán, autor del asesinato del dictador nicaragüense Anastasio Somoza y del sangriento asalto al Cuartel de La Tabalada; que le hubiera facilitado la elección a su antecesor Benedicto XVI, ya que les imploró a los cardenales que no consideraran más su nombre para ser Papa a pesar de que contaba con la segunda votación; que no obstante que América Latina alberga al 42% de católicos sea el primer latinoamericano elegido Sumo Pontífice; que también sea el primer Jesuita en llegar al Pontificado, debido -tal vez- a que hay pocos cardenales jesuitas pues ellos hacen un voto de servicio que implica no aceptar honores como ser nombrados obispos o cardenales, lo cual conlleva que les sirvan en lugar de servir ellos; que hubiera tenido que hacer prevalecer su voto de obediencia al Papa (Juan Pablo II lo nombró Cardenal de Argentina) sobre su promesa de renunciar a honores; que haya sido además técnico químico y profesor de sicología, teología, filosofía y literatura y amante de Borges y Dovstoyesky; que sea hijo de un empleado ferroviario y de una ama de casa; que monte en metro, se cocine su comida, no acepte invitaciones a restaurantes elegantes y no viaje en primera clase; que aun siendo Cardenal no haya habitado el Palacio Arzobispal de Buenos Aires; que desprecie la ostentación y el estrellato; que haya escogido por primera vez el nombre de Francisco, en honor, -seguro-, a San Francisco Javier, discípulo predilecto del fundador de los Jesuitas, San Ignacio de Loyola, y uno de los primeros misioneros en evangelizar el Asia, y a San Francisco de Asís, ese joven acaudalado que abandonó sus riquezas, se dedicó a ayudar a los pobres y fundó la orden de los frailes franciscanos; que el día de su elección, antes de impartir su bendición Urbi et Orbi, les hubiera pedido a los fieles que oraran por él he inclinara su cabeza ante ellos; que ese sea el retrato de la personalidad multicolor y contradictoria del Nuevo Papa, es algo que llena de esperanzas.Esperanzas de que los pobres sean su prioridad; de que América Latina ocupe el lugar que le corresponde en el mundo; y de que la Iglesia se deshaga de esa vergonzosa y callada tolerancia que con la pederastia ha tenido en el último tiempo.Lástima que el papa Francisco esté tan lejos de aceptar que las mujeres seamos dueñas de las decisiones sobre nuestro cuerpo; que el aborto sea permitido, por lo menos cuando el embarazo sea producto de una violación o el bebé presente malformaciones; y que se expanda el uso de anticonceptivos y preservativos para controlar el sida y la natalidad.Esas son realidades que la Iglesia tendrá que admitir un día. Pero, por ahora, hay que decir que fue afortunada la elección de Francisco. ¡Bienvenida la nueva era!

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