Ese no es mi Dios

Diciembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

No hay nada qué hacer, Procurador Ordóñez. Su Dios no es mi Dios. Ni es el Dios de ese ochenta por ciento de los colombianos que, según reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, ve con ilusión la llegada de la paz; está dispuesto a aprobar los acuerdos; y sueña con que, como consecuencia de ellos, el campo sea un mejor lugar para vivir, se reduzca el secuestro, acabe el reclutamiento de menores, descienda la violencia sexual y se respete más a la mujer. Su Dios, Procurador, castigador, obstinado, implacable, inmisericorde y justiciero, tampoco es el del Papa Francisco quien hace unos días dijo en una cárcel de EE.UU. que hay que tenderles la mano a las ovejas descarriadas para que se reincorporen a la sociedad. Ni es el Dios de Jesucristo que afirmó: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”; preguntó “¿por qué ves la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”; nos dejó la paz como legado (“la paz os dejo, mi paz os doy”); y nos pidió: “daos fraternalmente la paz”. Su Dios, Procurador, parece ser en cambio ese dios con minúscula que escondía a Lucifer e impulsó las Cruzadas emprendidas para ‘liberar’ los Lugares Santos de la dominación musulmana, y puso al papa Urbano II a que usara esa frase del Evangelio que dice “renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”, para hacer que la multitud, arrastrada por el grito de “Dios lo quiere”, aprobara esa guerra vergonzosa que duró cerca de 200 años y dejó casi seis millones de muertos.Usted que tanto predica el catolicismo, Procurador, y que cree que más importante que parar la guerra es señalar a los culpables y castigarlos implacablemente porque antes que la vida están su moral y su ley, que no son las del país pues el setenta y tres por ciento de los colombianos está dispuesto a perdonarle la pena de prisión a un guerrillero a cambio de salvar la vida de un ser querido, ¿no sabe acaso que los condiciones que pretende imponerle a la negociación equivalen a que se rinda un bando que no ha sido vencido en el campo de batalla? ¿No ve que eso es imposible? ¿Y no sabe que aquí nadie ha ganado la guerra en estos setenta años de matazón, que no son cincuenta, como dicen, pues la guerra empezó a manifestarse a fines del 1946 y estalló con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948?Es que a partir de ahí solo ha habido intervalos cortos de paz. Y si a esos años de violencia se suman los de las guerras anteriores (la de los Mil Días, las ocho del Siglo XIX, más la de la independencia), completaríamos dos siglos largos de guerra, con cortas interrupciones.¿No le parece, Procurador, que la política de guerra ha sido ineficaz y que después de 200 años de ensayarla es hora de reconocer su fracaso antes de que haya miles de muertos más? ¿Ha reflexionado en cómo pensaría usted si supiera que el próximo muerto va a ser un familiar suyo? ¿Cómo respondería, por ejemplo, la pregunta de la encuesta del CNC: ¿Perdonaría la pena de prisión a un guerrillero a cambio de salvar la vida de su hija, por ejemplo?Póngase la mano en el corazón, Procurador, y respóndase esa pregunta. Si su respuesta es sí, sea honesto, rectifique y deje de atravesársele a la paz. Y si es no, lo más probable es que, por su conducto, esté cobrando vida Satanás. Porque Dios no es odio, Procurador. Dios es amor.* * *Esta columna reaparecerá el 17 de enero.¡Feliz Navidad, y felicidad en este 2016 que nos traerá la paz!

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